Carlos Lage y lo verdaderamente revolucionario ahora

Carlos Lage, un hombre brillante que ha formado parte de la Revolución cubana, acaba de cumplir 70 años y después de 12 de ostracismo que lo acompañó al ser purgado del poder, sale a la opinión publica para decir, aquí estoy, yo diría mejor, aquí está toda una generación que ha dedicado honestamente la mayor parte de su vida a luchar por un país mejor y que piensa que “en el caso de Cuba, al socialismo solo se puede llegar con cambios profundos, muchos más que en los últimos 20 años. Es ineludible traspasar supuestos límites y correr riesgos. Eso es ahora lo verdaderamente revolucionario”.

Remata sus comentarios con una proyección enigmática y sugerente “ante cualquier disyuntiva que se presente en el futuro, cualesquiera que hayan sido las causas, estaré del lado que beneficie a la Revolución”.

Dan para mucho estas reflexiones de Lage, todo un referente de la juventud en su tiempo de líder juvenil y dentro de la nomenclatura del sistema cubano.

Tal vez, esas dos vidas de las que habla en el documental autobiográfico, una cuando se está en el poder y otra después de perderlo, sea solo un ejemplo de muchos más que lo han padecido a lo largo del período revolucionario en Cuba. Cuadros y militantes que han preferido esa experiencia, anteponiendo la honestidad y la razón a los dogmas y la cobardía.

A la Revolución me dediqué con pasión y sin límites de tiempo, con desinterés y sin vivir de ella, dice Lage. Desgraciadamente parece que no siempre son estas las cualidades que más valoran los hipócritas y arribistas que se apoderan de las instituciones cuando el dogma y la obediencia se imponen como las peores lacras de un proceso político.

Las autoridades cubanas deberían ser conscientes de lo que se juegan en estos tiempos convulsos. No hay tiempo para equivocaciones. O leen correctamente este nuevo tiempo y crean los causes para integrar y sumar, aun perdiendo espacios que han monopolizados durante mucho tiempo, o pueden propiciar situaciones dramáticas de convivencias. No es suficiente culpar a enemigos externos, lo prioritario ahora es la tolerancia y la apertura hacia un sistema más democrático, más sostenible y de mayor desarrollo de las libertades y derechos que, por demás, fueron refrendadas por la propia Constitución que impulsaron y aprobaron hace algo más de dos años.

Os dejo el enlace del documental autobiográfico de Carlos Lage; https://www.youtube.com/watch?v=3MbtHcppvVg

Cuando salvar vidas es la mayor motivación

En pleno mediodía de este 12 de agosto, cuando el termómetro marcaba más de 40 grados en Madrid, entré a la iglesia anglicana en la calle Beneficencia, donde un grupo de voluntarios gestiona el envío de ayuda sanitaria para Cuba. Era tal el ajetreo que daba corte interrumpirles para hacerles preguntas. Del centro del grupo alguien gritó, “ahora hay que priorizar los envíos a las salas oncológicas de pediatría” y se nos heló el cuerpo. Empacaban cajas con medicamentos y uno propuso llamar a un médico para que les explicara para qué servía un instrumento de los que habían donado.

En medio de aquella frenética actividad me acerqué a Masiel Rubio, sin saber que era la líder y el alma del grupo. Cuenta que empezó con esto desde hace meses, en su propia casa, pero a medida que la pandemia fue arreciando por la variante Delta del virus, las donaciones fueron subiendo y entonces varios amigos se fueron incorporando.

Masiel es un encanto de persona, con visibles muestras de agotamiento en el rostro, pero con una energía contagiosa que alimenta al equipo. Estudió dramaturgia en el Instituto Superior de Artes de La Habana. Es actriz y profesora.

Muy cerca de nosotros, con mirada dulce y comunicativa, nos escrutaba Katia Caso. Lleva poco en España, donde vino por razones familiares, también es actriz y seguramente algunos de los que lean este reportaje la identificaran porque ha participado en series populares de la televisión cubana: Tras la huella, Tierra de Fuego, De tu sueño a mi sueño; y también en cine, como en la película Boccaccerías Habaneras. Fue profesora de actuación en la Facultad de Artes Escénicas de la Universidad de La Habana.  Me confiesa con humildad que está abrumada por no poder atender a todas las solicitudes que recibe de personas que le escriben, solicitando medicinas que en Cuba no aparecen. Le frustra tanto que lleva semanas que apenas puede dormir. Elogia la labor del grupo, el trabajo de Masiel y me ruega que no deje de mencionar al Reverendo de la iglesia, Aloysi Bustquets y a su esposa, Gema, por haber facilitado el local para este trabajo y por toda la ayuda que prestan. El Reverendo también es cubano.

Con la contribución voluntaria de gentes, muchas veces anónimas, pagan las maletas y carga acompañante de viajeros que de manera altruista se prestan a llevarlas y una vez que salen de la cuarentena, en la Isla, hacen entrega a otros voluntarios, amigos y conocidos que van sumándose para llevarlas a los destinatario. Todo esto coordinado a través de las redes, Facebook y los grupos de WhatsApp.

Es verdad que a veces dan ganas de maldecir las redes, hay bulos, ofensas, odios, pero separando el barro, gracias a internet, gracias a esta revolución de las comunicaciones, la dinámica social de esta generación es diferente. En este caso, bienvenidas las redes, bienvenido este desarrollo tecnológico que nos permite   oír el grito directo de alguien que a miles de kilómetros necesita ayuda. O necesita decir su verdad. Gracias a ello será más difícil que alguien pueda estrujar al más débil sin que la bofetada la oigan millones de personas. Es una poderosa arma que está a disposición de las gentes, directa, sin que tenga que pasar por filtros para adornar lo que la gente piensa y es un instrumento extraordinario para organizar el socorro.

Llama la atención cómo es de extraordinario este voluntariado que nace de la vocación de servir, sin que medie interés ideológicos, partidistas ni religiosos.  Para Masiel y sus colaboradores, la mayor recompensa es ver salir cada maleta con ayuda para las personas que sufren las carencias por el colapso del sistema de salud de Cuba, ese es el premio mayor a su esfuerzo y a su trabajo.

Yotuel y el carrito de helados

En Cuba, cuando yo era pequeño e iba a la ciudad, corría detrás de un señor que mientras empujaba un carrito lleno de helado, hacía sonar una campanilla para avisar de su presencia, era increíble. Las paleticas sabían a gloria, siempre que el carrito se detenía se hacía una fila para comprar un sabroso helado. Después se puso de moda el camión de los helados, era lo mismo, pero con altavoces…a su paso difundía fragmentos de La Polonesa. A lo mejor seleccionada para homenajear a Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria, que encabezó la primera guerra de independencia y en su juventud, en Paris, compartió amistad con Chopin. Los cubanos somos muy de eso, de hacer grandilocuente hasta la venta de un helado. También difundían el Vals sobre las Olas, de Juventino Rosas. En fin, era un gozo correr detrás de aquellos vehículos para alcanzar un buen helado “Guarina”, una peletica, un bocadillo o hasta uno gigante, que nombrábamos galones, por su tamaño.

Pues bien, desde entonces recuerdo un refrán muy de la época, “no te dejes llevar como el carrito de helados”, para expresar que otros no te empujen hacia donde ellos quieran.  

Algo así le está pasando a nuestro compatriota Yotuel, primero fue Madrid en una concentración arropado por el Partido Popular y Vox, los más de derecha de España; después en la Casa Blanca, agasajado por Biden y Bob Menéndez. Este último tiene el dudoso honor de ser uno de los que redactó parte de la Ley Helms Burton en 1996, que acabó de asfixiar la maltrecha economía cubana. Por cierto, esta Ley perjudica también a empresarios españoles Y para rematar, como para cerrar el ciclo de lo más cavernario, un encuentro con Isabel Díaz Ayuso.

Se creerá nuestro músico que Abascal, Bob Menéndez y  Ayuso están honestamente preocupados porque no haya una ambulancia en Baracoa o en Guanes para trasladar un enfermo con Covid. Vamos, hombre, por favor, para solo poner un ejemplo, en Madrid, al empezar la pandemia, en la primera cuarentena, el gobierno de Ayuso decidió no trasladar desde las residencias a los hospitales a ancianos enfermos de Covid, si tenían otras patologías graves o problemas de movilidad, asunto pendiente de la justicia.

A ver si me explico, Biden y Bob Menéndez necesitaban salir como “duros” contra el régimen de Cuba para garantizarse sus resultados electorales en Florida y otros menesteres politiqueros; Casado, Vox y Ayuso, querían congraciarse con los opositores de Cuba, pero en el fondo, lo que más buscaban era atacar al PSOE, al gobierno de coalición, donde está Podemos. Han hecho de todo para que el Gobierno español diga que en Cuba hay una dictadura, aunque con otras palabras sí lo dijo Pedro Sánchez desde Estados Unidos, al considerar que en Cuba no había democracia, pero querían arrancarle la palabra dictadura, que siempre caería con más fuerza sobre los dirigentes cubanos y traerá más problemas para el presidente del gobierno español.

En medio de todo esto, Yotuel ha sido utilizado, lo han empujado hacia donde otros necesitan sus servicios, como el carrito de helado.

Otra vez, lo dicho en otros comentarios: los que salieron el 11 de julio no todos son “gusanos” y aunque hubiera personas contrarias al sistema, tienen igualmente derecho a manifestarse pacíficamente (Constitución de 2019), derecho a asociación y libertad de prensa.

El gobierno de Cuba y la Asamblea del Poder Popular, apoyados particularmente por el partido, deben hacer las reformas legales necesarias para llevar al ordenamiento jurídico, el mandato constitucional que garantiza los derechos de los ciudadanos, recogidos en ese texto, aprobado por referéndum.  

Y, por favor, a mi gremio, seamos un poquito menos hipócritas. Seguramente hubo algún abuso policial el 11 de julio y hay que denunciarlo, como hay que denunciarlo cuando ocurre en este primer mundo, tan es así, que como salido de la Providencia, unos días después de las manifestaciones en Cuba, en Paris, los antidisturbios dieron buenas palizas y en Berlín hubo un manifestante muerto. Estoy esperando que Biden aplique la Ley Global Magnitsky, a los respectivos mandos policiales de París y Berlín. No voy a mencionar aquí, porque no cabría, las violaciones que ocurren en los propios Estados Unidos y desgraciadamente, en la mayoría de países de este mundo

Y por último, al contemplar las manifestaciones de ayer en el malecón de La Habana, convocadas por la Juventud Comunista de apoyo al gobierno, un mensaje. La tarea ahora es acabar con la pandemia, salvar vidas, ayudar a nuestras familias y dejarnos de manifestaciones públicas y concentración de gentes, tanto los unos, como los otros. Después habrá tiempo de competir a ver “quien la tiene más larga”.

La canción de Silvio que no se escuchó

Hoy el diario El País ha publicado una entrevista a Silvio Rodríguez, del periodista Mauricio Vicent, corresponsal en La Habana. No quiero extenderme en la introducción con el ruego de que la lean en su totalidad. También os pongo al final un enlace de YouTube, para que vean el documental estrenado aquí en Madrid, en la segunda semana de abril de 2016, en la Sala Berlanga, de la Fundación SGAE, ocasión que conocí personalmente a este creador que forma parte de la banda sonora de mi vida y de toda una generación. Este material nunca se estrenó en Cuba, habría que preguntarse por qué.

Once años, que se dice rápido, estuvo Silvio actuando en los barrios más pobres de La Habana y explicó entonces que lo hacía por intuición, ante la grave situación económica y social que ya existía en Cuba, con particular énfasis en los barrios más humildes de la capital. El arte verdadero siempre se anticipa, y esta es una muestra.

Aquí está la entrevista:

“Silvio Rodríguez nació hace 74 años en el pequeño poblado habanero de San Antonio de los Baños, el lugar donde el domingo 11 de julio comenzaron las protestas contra el Gobierno, que rápidamente se extendieron por la isla provocando una inédita sacudida política. El cantautor cubano, que se considera parte de la revolución y denuncia el papel jugado por EE UU y su política de asfixia en el agravamiento de la crisis en su país, cree que lo sucedido marca “un antes y un después” y que las autoridades deberían responder con medidas económicas inmediatas, muchas de ellas retrasadas sin justificación, y también abriendo espacios políticos para que se expresen todos los ciudadanos, en especial los jóvenes. Se declara a favor del diálogo y en contra de “los extremos”.

Pregunta. ¿Qué sintió al ver las protestas del 11 de julio, y la respuesta policial?

Respuesta. Primero que nada, tristeza. Y no solo por ser un hecho insólito en Cuba. Es que ha ocurrido en el peor escenario posible: una pandemia mundial aún no controlada, que mata a diario, que exige medidas de distanciamiento que estaban siendo masivamente vulneradas. Por otra parte, en un panorama económico especialmente desfavorable —por la pandemia, claro está— y, para mi país, además, por 62 años de un bloqueo que ha sido muy dañino; para colmo incrementado por 240 medidas de asfixia extra que el gobierno de Trump nos impuso y que Biden mantiene hasta el día de hoy. De pronto se nos juntaron demasiadas crueldades e infortunios.

Respecto a la acción policial, en la primera manifestación, que fue en San Antonio de los Baños, no hubo respuesta alguna. Los manifestantes recorrieron las calles principales, pasaron por las sedes del gobierno municipal, frente al Partido y hasta por la policía. Allí no hubo represión, aunque después, en otras ciudades, sí la hubo. Una represión que, por tratarse de Cuba, se amplifica, aunque sabemos que algunos que nos señalan están acostumbrados a ver mucha más brutalidad en sus propios países. Por supuesto, afirmo categóricamente que estoy en contra de todo tipo de abuso.

P. ¿Lo sucedido marca un antes y un después, o es un “capítulo más” de la revolución?

R. Creo que es un antes y un después por lo inédito del hecho para nosotros. No creo que sea “un capítulo más”; es algo de gravedad que nos lleva a reflexiones y espero que a medidas inmediatas. En Cuba vivimos una situación de estrés social que se acrecienta y estoy consciente de que no solo es culpa del bloqueo. Desde hace años, economistas, politólogos y ciudadanos se quejan de medidas económicas anunciadas que inexplicablemente no se han puesto en práctica. Todo ese retardo es también responsable de lo sucedido.

P. ¿Por qué cree que jóvenes como el dramaturgo Yunior García, uno de los detenidos, con quien se reunió hace días, dicen que su generación desde hace tiempo ya no se considera parte del proceso? ¿Qué se ha roto?

R. Nadie puede hablar en nombre de toda una generación, ni siquiera un joven de 39 años como Yunior. Aunque también es cierto que algunos –no solo de su generación– han llegado a pensar que en Cuba no tienen futuro. Contradictoriamente, los que piensan así se han formado en nuestras universidades. Recuerdo que hace 30 años, cuando intentaba convencer al Gobierno de la necesidad de construir estudios de grabación con tecnología de punta, uno de mis argumentos era la cantidad de buenos músicos que egresaban de nuestras escuelas y la insuficiente infraestructura que los esperaba en la vida laboral. Desde entonces hasta hoy las condiciones económicas se han ido volviendo más precarias.

Todo el mundo sabe que en Cuba es difícil adquirir cualquier cosa que tenga tecnología de los Estados Unidos (el bloqueo lo impide). Las profesiones que requieren de cierta base material, aunque sea mínima, están como condenadas a las limitaciones. Creo que todo eso, aunque no determine, influye; va creando una especie de sentimiento fatalista acerca de un futuro con estrecheces, mientras que en otros lugares del mundo no es así. Y lo cierto es que cuando uno es joven piensa que no le va a tocar la parte fea de la aventura sino la recompensa. Es parte de la ilusión de venir al mundo. El pueblo cubano ha escrito ejemplares páginas de resistencia, pero también ha pasado por décadas de penurias y escaseces.

P. Muchos jóvenes llevan pidiendo desde hace tiempo diálogo y espacios para expresarse y disentir (algo que hasta ahora no se ha producido), lo que en cierto modo implica que están dispuestos a contribuir a una solución si se los escucha, ¿hay esperanza, o se ha perdido demasiado tiempo?

R. No solo jóvenes: también mucha gente con experiencia está dispuesta a contribuir a la solución de los problemas. Entre ellos, no pocos economistas brillantes. Por mi parte tengo esperanza y creo en los jóvenes. Soy así porque hubo personas que creyeron en mí cuando para otros resulté un problema. Todas las generaciones traen algo propio: lenguajes, reivindicaciones; todas las generaciones traen su dosis de continuidad y también de ruptura. Es su necesidad de plantar huella; es un impulso natural y, en ocasiones, es lo revolucionario que nos sacude y nos impele hacia delante. Estoy completamente a favor de dialogar. ¿No dialogamos con la superpotencia que nos maltrata de hecho y de palabra? ¿Por qué sería difícil dialogar con una parte de nosotros mismos? Debemos escuchar todas las voces, y mucho más las propias.

P. En los barrios más empobrecidos, que usted conoce, obviamente las penurias vividas son la base del malestar que hizo que mucha gente se echara a la calle, en su mayoría los jóvenes. ¿Qué se debiera hacer desde el poder para contribuir a la solución de los problemas?

R. Estuve más de 11 años haciendo conciertos solamente en los barrios. Hace año y medio tuve que parar, por la pandemia. Lo hacíamos por la enorme necesidad que constatamos. Pero solo hemos dado lo que podemos dar: música, y eso es solo parte de lo que la gente necesita. Ni el documental que promovimos, Canción de Barrio, se pasó por televisión. Y siempre hemos pensado que la atención a los barrios se debiera sistematizar, hacerse cotidiana. Lo venimos diciendo y haciendo desde hace tres lustros.

A principios de la Revolución hubo planes muy efectivos con los barrios marginales. Los primeros moradores de La Habana del Este venían de viejos suburbios infrahumanos. Hasta los años setenta y los ochenta aquel plan funcionó. Supongo que fue a partir de los noventa cuando aquella atención decayó, seguro por el bajón económico que significó el fin del campo socialista. Ahora estamos económicamente en una situación muy compleja, y hace solo unos días se anunciaron algunas medidas para recomenzar a atender las necesidades de los cientos de miles que viven en la periferia de algunas ciudades. En estos momentos parece que empiezan a reconsiderarse o a llevarse a cabo medidas que eran muy necesarias.

P. ¿Basta solo con medidas económicas, o hacen falta también cambios políticos?

R. A mi modo de ver necesitamos sobre todo medidas que agilicen el flujo productivo-económico, lo que de por sí significa ajustes políticos. Acaba de salir la Resolución 320, que elimina los topes en los precios. Eso va a estimular la producción y también va a subrayar desigualdades, pero lo veo como una medida necesaria. Por supuesto, también significará más trabajo asistencial para el gobierno. Lo más increíble es que muchos de los cambios necesarios están aprobados desde hace dos congresos del PCC [Partido Comunista de Cuba], y además refrendados en nuestra reciente Constitución. Uno supone, ya que no se ha explicado, que esos cambios han sido retrasados por corrientes de pensamiento más atentas a los viejos manuales de socialismo que a la realidad; también los frenan una burocracia acomodada e indolente.

P. Se están desarrollando ahora los juicios sumarios contra los detenidos. Usted ha pedido que se libere a los manifestantes pacíficos que no participaron en hechos violentos. En estos días ha habido decenas de condenas a más de un año de cárcel, y algunos de los arrestados han denunciado abusos policiales. ¿Qué piensa de lo que está sucediendo?

R. Hice esa petición pública y la sostengo. De hecho, ya muchos han sido liberados. No sé de cuestiones legales y hablé con una amiga abogada, para aclararme. En primer lugar es obvio que las capacidades de nuestro sistema legal fueron sobresaturadas en unas horas. Eso explicó los juicios sumarios que, según me dicen, heredamos de una ley española del siglo XIX. Las sanciones de los juicios sumarios suelen ser multas. Cuando se convierten en prisión se hace más crítico el recurso, por la necesidad de garantías. Por ley no pueden rebasar el año de sanción. Se trata de delitos no graves.

P. La línea oficial es que no hubo un “estallido social”, y que detrás de todo lo ocurrido está la mano de EE UU y la manipulación extrema de las redes sociales para favorecer la desestabilización. Se insiste en calificar a la mayoría de los manifestantes en delincuentes, mercenarios y “confundidos”, ¿está de acuerdo?

R. Mi criterio es que la mayoría de los manifestantes es pueblo saturado de múltiples angustias e incomodidades, estresado por un año y medio de pandemia, por un descenso drástico en el turismo (nuestra fuente principal de ingresos) y por el recorte severo de las remesas que impuso Trump. Algunas medidas, como poner las tiendas mejor surtidas en MLC, han sido francamente impopulares. En fin, no comparto la calificación esquemática que se dio a los manifestantes, aunque en los videos se ve que entre la masa heterogénea también hubo casos de vandalismo. Me pareció particularmente repudiable un caso de violencia contra un hospital materno-infantil en Cárdenas.

Por mi parte, puedo testimoniar que el domingo de las protestas recibí en mi blog un creciente número de instrucciones que llegaban por internet, guiando a la gente para que se lanzara a la calle. Decían que se habían levantado ciudades, que los gobiernos se habían rendido y que el poder estaba en manos de la rebelión. Subían fotos falsas. Era algo descabellado, pero algunos evidentemente lo creyeron. Sin duda así se coordinaron los brotes de protesta en varios lugares a la vez.

P. Este es un momento de polarización extrema, y desde los extremos a los que piden equidistancia se les acusa despectivamente de “centristas”. ¿Después de 62 años de revolución, se pueden resolver las cosas sin diálogo y centrismo? ¿Lo que usted hizo al reunirse con Yunior puede ser el principio de un camino, si las autoridades recogen el guante?

R. Un día desperté y vi que había una carta pública [de Yunior] invitándome a un diálogo; lo acepté. Si la invitación me hubiera llegado por vía privada, hubiera hecho lo mismo. Jamás he pretendido ser ejemplo de algo; bastante tengo con hacer canciones. Lo de centrista no me asusta. Los extremos son los que me parecen inadmisibles. Sin llegar a la polarización que se ve a diario en diversos lugares del mundo, lo que pasó el domingo 11 de julio nos estremeció, y sin duda debe llevarnos a una reflexión profunda. Supongo, espero, que eso esté ocurriendo a todos los niveles.

Creo que si en Cuba va a haber un solo partido este debe ser muy abierto, inclusivo, ecuménico, aunque tenga metas estratégicas. El país y sus instituciones se deben a toda la ciudadanía, no solo a los que piensan de una forma. Todos tenemos derecho a ser respetados, escuchados y atendidos. En fin, creo que, como ha sido Cuba en la salud, debe serlo en todo lo demás”.

Conservo con sumo cariño esta foto, tomada en la presentación del documental Canción de barrio, Madrid, abril 2016.

Debieron cantar La Guantanamera

Disfruté el pasado viernes un bonito combate de boxeo de los Juegos Olímpicos de Tokio entre cubanos, Emmanuel Reyes y Julio de la Cruz. Emmanuel competía por España, donde está radicado y tiene la nacionalidad y Julio, representante de su país. Yo “ganaba” con cualquier resultado, pero tenía morbo la pelea. Era maravilloso contemplar como dos estrellas del boxeo, surgidas de la escuela cubana de ese deporte, disputaban una medalla en el evento cumbre del deporte mundial.

Lo anecdótico vino al final. Julio, vencedor por puntos, con los brazos en alto, saludaba eufórico y desde el público le gritan “Patria y vida” y automáticamente responde, “Patria y vida” no; “Patria o muerte”. Ya estaba servida la controversia y la gasolina para las redes, la ideología, la consigna. Después leí en algún periódico que Emmanuel tenía preparado su eslogan de haber triunfado, no era otro que “Patria y vida”.

Me preguntaba, por qué no se abrazaron y cantaron “La Guajira Guantanamera”. No es una consigna ni un rap, pero es auténtica como las palmas reales y seguramente su melodía la reconozcan y recuerden en cualquier parte del mundo. No estoy muy seguro de que, aunque nos repitan ese rap hasta en la salsa de los espaguetis, alguien retendrá o trascenderá en el tiempo como sí ha ocurrido con los versos de José Martí, musicalizados por Joseíto Fernández . Y si separamos el deporte de la política que os parece.

Cultivo una rosa blanca,

en julio como en enero,

para el amigo sincero

que me da su mano franca.

ARTICULO DE MAX BLUMENTHAL (2)

(En el post anterior de este blog, titulado “Qué le ha pasado a Yotuel”, aparece la primera parte).

Un “grupo de personas olvidadas”: La participación de los afrocubanos en las protestas cautiva a los medios de comunicación estadounidenses

Las escenas de un coche de policía volcado en el barrio de 10 de Octubre de La Habana, las turbas lanzando cócteles molotov a los agentes de policía y el saqueo de los centros comerciales este 11 de julio arrancaron el resentimiento de una clase de ciudadanos que ha caído en las grietas de la asediada economía especial de Cuba.

Tras años de profundización de las privaciones económicas, los cubanos han sufrido apagones y racionamiento de alimentos provocados por la intensificación del bloqueo económico de 60 años de Estados Unidos a Cuba por parte del expresidente Donald Trump. Un repentino colapso del turismo debido a la pandemia de Covid-19 junto con la eliminación por parte del gobierno del sistema de doble moneda de Cuba exacerbó el caos económico.

Cristina Escobar, periodista afincada en La Habana y una de las personalidades informativas más seguidas en el canal estatal cubano, describió a The Grayzone las filas de la protesta como el subproducto de una marginación sostenida.

“Hay un grupo de personas en lugares urbanos como La Habana que tienen las siguientes características”, explicó Escobar. “Suelen proceder de zonas rurales pobres y se han trasladado a la ciudad en busca de mejores oportunidades; por lo general, no son blancos con todos los gradientes que hay, y viven en los márgenes, recibiendo cualquier prestación estatal que esté disponible. Suelen trabajar en la economía sumergida, se sienten desafectados y no se implican en empresas patrióticas porque son víctimas del periodo especial de pobreza”.

Aunque la red de seguridad social de Cuba ha evitado que este grupo demográfico caiga en la miseria que conocen las barriadas de Estados gestionados por el FMI, como Haití u Honduras, Escobar afirma que “son un grupo de personas olvidadas, desintegradas, sin raíces en la sociedad. Están expresando la desigualdad que experimentan y, por desgracia, ya no lo hacen de forma pacífica”.

Los medios de comunicación corporativos estadounidenses han aprovechado las imágenes de los manifestantes afrocubanos para pintar las manifestaciones como una expresión de descontento explícitamente racializado. En un artículo titulado “Afrocubanos al frente de los disturbios [en Cuba]”, el Washington Post citó a ONGs antigubernamentales y a activistas asociados al Movimiento de San Isidro denunciando a Black Lives Matter por su declaración de solidaridad con la revolución cubana.

El Washington Post no mencionó el papel del gobierno de EE.UU. en el apoyo a muchas de estas mismas ONGs y activistas en un intento de armar a la clase baja de Cuba. Al frente de la estrategia de Washington se encuentran dos frentes tradicionales de la CIA: la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID) y la Fundación Nacional para la Democracia (NED).

A lo largo de la Guerra Fría, la USAID trabajó junto a la CIA para liquidar los movimientos socialistas en todo el Sur Global. Más recientemente, ayudó a poner en marcha un falso programa de vacunación de la CIA en Pakistán para localizar a Osama bin Laden, y en su lugar acabó generando un brote masivo de polio. En toda América Latina, la USAID ha financiado y formado a figuras de la oposición de derechas, incluido el seudopresidente de Venezuela nombrado por Estados Unidos, Juan Guaidó.

Por su parte, la NED se creó bajo la supervisión del ex director de la CIA William Casey para proporcionar apoyo a los activistas de la oposición y a los medios de comunicación en todos los lugares en los que Estados Unidos ha buscado un cambio de régimen. “Mucho de lo que hacemos hoy fue hecho de forma encubierta hace 25 años por la CIA”, dijo el cofundador de la NED, Allen Weinstein, al periodista David Ignatius, quien celebró a la organización como “el padre del azúcar de las operaciones encubiertas”.

A lo largo de su historia, la USAID y la NED han trabajado para explotar los agravios de los grupos étnicos minoritarios contra los gobiernos socialistas y no alineados. Su apoyo financiero y logístico a los uigures contra China, a los tártaros contra Rusia y a los indígenas miskitos contra Nicaragua son algunos de los muchos ejemplos.

En los últimos años en Cuba, los especialistas en cambio de régimen de Washington se han centrado en los afrocubanos y los jóvenes marginados, aprovechando la cultura para convertir el resentimiento social en una acción contrarrevolucionaria.

Convirtiendo en un arma a la “juventud desocializada y marginada” contra el socialismo cubano

Un artículo publicado en 2009 en el Journal of Democracy, el órgano oficial de la National Endowment for Democracy (NED), esbozaba un ambicioso plan para cultivar la clase baja cubana de la posguerra fría como vanguardia antigubernamental.

“Utilizar los principios de la democracia y los derechos humanos para unir y movilizar a esta vasta mayoría desposeída frente a un régimen altamente represivo es la clave del cambio pacífico”, escribieron Carl Gershman y Orlando Gutiérrez.

Gershman y Gutiérrez son figuras influyentes en el mundo de los operadores del cambio de régimen. Director fundador de la NED, Gershman presidió durante cuatro décadas los esfuerzos de Estados Unidos para desestabilizar gobiernos desde Managua hasta Moscú. Gutiérrez, por su parte, es un franco defensor de una invasión militar estadounidense de Cuba que ejerce como secretario nacional del Directorio Democrático Cubano financiado por la USAID y la NED.

Gershman y Gutiérrez aconsejaron una estrategia que fomentara la “no cooperación” con las instituciones revolucionarias de Cuba entre los que describieron como “jóvenes desocializados y marginales: los que abandonan los estudios, los jóvenes sin trabajo que constituyen casi las tres cuartas partes de los desempleados de Cuba y los que se sienten atraídos por las drogas, la delincuencia y la prostitución”.

Los dos especialistas en cambio de régimen señalaron la música y los medios de comunicación online como vehículos ideales para aprovechar las frustraciones de la juventud cubana: “La alienación de los jóvenes llega a la corriente principal y se expresa en las letras airadas de los músicos de rock; las representaciones de los blogueros de las frustraciones y la chabacanería de la vida cotidiana; la frecuente evasión del trabajo agrícola, el servicio voluntario y las reuniones de los comités de vecinos; y la desvinculación general de la política que es el fruto de medio siglo de participación coaccionada y propaganda política alimentada a la fuerza”, escribieron.

El año en que se publicó el influyente documento de Gershman y Gutiérrez, Washington puso en marcha una audaz operación encubierta basada en la estrategia que habían esbozado.

“El rap es la guerra”: La USAID recluta de forma encubierta a artistas de hip-hop cubanos como propagandistas del cambio de régimen

En 2009, la USAID puso en marcha un programa para desencadenar un movimiento juvenil contra el gobierno de Cuba mediante el cultivo y la promoción de artistas locales de hip-hop.

Debido a su larga historia como fachada de la CIA, USAID subcontrató la operación a Creative Associates International, una empresa con sede en Washington DC con su propio historial de acciones encubiertas.

Creative Associates encontró a su hombre clave en Rajko Bozic, un veterano del grupo Otpor! respaldado por la CIA, que ayudó a derrocar al líder nacionalista Slobodan Milosevic, y cuyos miembros pasaron a formar un “grupo de exportación de una revolución” que sembró las semillas de varias revoluciones de color”.

Haciéndose pasar por promotor musical, Bozic se acercó a un grupo de rap cubano llamado Los Aldeanos, conocido por su himno ferozmente antigubernamental, “Rap is War”. El agente serbio nunca dijo a Los Aldeanos que era un activo de la inteligencia estadounidense; en cambio, afirmó que era un profesional del marketing y prometió convertir al líder del grupo en una estrella internacional.

Para llevar a cabo el plan, Creative Associates puso en marcha ZunZuneo, una plataforma de redes sociales al estilo de Twitter que enviaba miles de mensajes automáticos para promocionar a Los Aldeanos entre los jóvenes cubanos sin que el grupo de rap lo supiera.

Al cabo de un año, cuando Los Aldeanos intensificaron su retórica, burlándose de la policía cubana como zánganos descerebrados durante un festival local de música indie, la inteligencia cubana descubrió contratos que vinculaban a Bozic con la USAID y puso fin a la operación.

La vergüenza sobrevino en Washington, con el senador Patrick Leahy refunfuñando: “La USAID nunca informó al Congreso sobre esto y nunca debería haber sido asociada con algo tan incompetente y temerario”.

Danny Shaw, profesor asociado de Estudios Latinoamericanos y del Caribe en la City University de Nueva York, conoció a Los Aldeanos durante varias visitas prolongadas a Cuba. También conoció a Omni Zona Franca, un colectivo de poetas y artistas de performance de orientación rastafari con sede en el barrio de Alamar, en La Habana, que sirvió de inspiración para el Movimiento de San Isidro.

Shaw dijo que la hostilidad de los artistas hacia el sistema socialista de Cuba era tan intensa que muchos de ellos negaban la existencia del bloqueo estadounidense. “Intenté explicarles mi forma de entender la guerra económica, y me dijeron: ‘Puedes ir y venir como quieras, no vives aquí, así que es fácil que seas marxista’. Y tenían razón, si descontextualizabas completamente la situación”, dijo a The Grayzone.

Según Shaw, algunos miembros de Omni Zona Franca empezaron a visitar Estados Unidos y Europa para participar en festivales de arte y en entrevistas con medios de comunicación corporativos en español. “Cuando salieron a la luz las historias sobre el apoyo de la USAID a los raperos y artistas cubanos, entonces todo cobró sentido para mí”, reflexionó.

En 2014, la USAID volvió a quedar al descubierto cuando recurrió a Creative Associates para organizar una serie de falsos talleres de prevención del VIH que, en realidad, eran seminarios de reclutamiento político.

Un documento interno de Creative Associates filtrado a los medios de comunicación en 2014 se refería a los falsos talleres sobre el VIH como la “excusa perfecta” para alistar a los jóvenes en actividades de cambio de régimen en la isla.

El presidente Barack Obama presentó su plan para normalizar las relaciones con el gobierno de Cuba justo cuando se expuso la última operación de USAID. Como condición para el reconocimiento diplomático, Obama insistió en que Cuba ampliara el acceso a Internet.

El sitio web de investigación venezolano Misión Verdad advirtió entonces: “Estamos asistiendo a una actualización de los mecanismos, métodos y modos de intervención. Toda la armonía en este momento es totalmente ilusoria. Lo que ya se coloca bajo la etiqueta de ‘normalización’ en el entorno sociopolítico cubano proporciona las condiciones mínimas de funcionamiento para facilitar la idea de una ‘primavera cubana’, una revolución de probeta…”.

La red de internet 3G llegó a Cuba en 2018, permitiendo a los jóvenes cubanos acceder a las redes sociales en sus teléfonos. Ahora, en lugar de hacer girar la plataforma de medios sociales como ZunZuneo, la inteligencia estadounidense se centró en desarrollar tecnología como Psiphon para que los cubanos pudieran acceder a Facebook y YouTube a pesar de los cortes de Internet.

La NED y la USAID aprovecharon esta oportunidad para construir un potente aparato mediático antigubernamental en línea. La nueva hornada de medios respaldados por Estados Unidos, como CubaNet, Cibercuba y ADN Cuba, representaron una cámara de eco de insurrección tóxica, burlándose del presidente Miguel Díaz-Canel con memes insultantes y pidiendo su procesamiento por altos crímenes, incluido el genocidio.

El Ministerio de Asuntos Exteriores holandés ha impulsado los esfuerzos de Estados Unidos, ayudando a crear y financiar el blog antigubernamental El Toque, a través de una ONG llamada RNW Media.

Ted Henken, académico estadounidense y autor de “Cuba’s Digital Revolution”, señaló a Reuters que los dirigentes cubanos “calcularon mal al no darse cuenta de que [la ampliación del acceso a Internet] les iba a estallar en la cara muy rápidamente, en dos años y medio”.

“Nada de [las protestas] habría sido posible sin la naciente red 3G que ha permitido a millones de cubanos acceder a internet a través de dispositivos móviles desde 2018”, declaró el medio corporativo online Quartz.

A medida que crecía el acceso de los cubanos a los medios de comunicación antigubernamentales, la administración Trump aumentó el presupuesto de la NED en un 22% en 2018.

Ese año, el presupuesto de la NED para Cuba destinó cerca de 500.000 dólares para el reclutamiento y la formación de periodistas antigubernamentales, y para establecer nuevos medios de comunicación.

Otra subvención de la NED presupuestó fondos para “promover la inclusión de las poblaciones marginadas en la sociedad cubana y fortalecer una red de socios en la isla”, lo que implica la focalización en los afrocubanos.

La NED ha puesto un gran énfasis en infiltrarse en la escena del hip-hop de Cuba. En 2018, la entidad gubernamental estadounidense aportó 80.000 dólares a la Fundación Alma Cubana para “empoderar a los artistas independientes para producir, actuar y exhibir su trabajo en eventos comunitarios sin censura”, y 70.000 dólares a una ONG con sede en Colombia llamada Fundación Cartel Urbano para “empoderar a los artistas de hip-hop cubanos como líderes en la sociedad.”

Cartel Urbano publica una revista online claramente inspirada en Vice, el principal vehículo del imperialismo hipster. Además de mantener a los lectores informados sobre los últimos lanzamientos de los artistas de rap cubanos contrarios al gobierno, la revista financiada por el gobierno estadounidense dedica secciones enteras en su sitio web al consumo de drogas, la cultura trans y el estilo de vida vegano y ecológico.

Al atender la sensibilidad de los autodenominados radicales de orientación académica, los escritores del medio utilizan habitualmente la letra “x” para borrar las distinciones de género, lo que da lugar a pasajes como el siguiente: “cuerpxs trans, marikonas, no binarixs, racializadxs, monstruosxs…”.

La sorprendente proliferación de medios de comunicación de la oposición en línea, la vitriólica propaganda antigubernamental y la infiltración de Estados Unidos en la escena cultural de Cuba, que acompañaron a la expansión de los servicios de Internet del país, provocaron una represión sin precedentes por parte de los dirigentes del país.

“Los años en los que se produjo el descongelamiento de las relaciones con Estados Unidos, tuvimos mucha tolerancia a nivel interno”, reflexionó la periodista cubana Cristina Escobar. “Eso es porque el Gobierno no se veía asediado. Pero luego ganó Trump. Y ahora la dirigencia siente que nunca debió confiar en Obama”.

Pocas horas después de tomar posesión en abril de 2018, el presidente Díaz-Canel propuso el Decreto 349. La nueva medida obligaría a todos los artistas, músicos e intérpretes a obtener la aprobación previa del Ministerio de Cultura antes de publicitar su trabajo.

Planteado como respuesta directa al reclutamiento de artistas de rap y otras figuras culturales por parte de la inteligencia estadounidense, el Decreto 349 prohibía explícitamente la difusión de materiales audiovisuales que contengan “lenguaje sexista, vulgar u obsceno.” Aunque la ley nunca se aplicaría formalmente, la oposición cubana consideró la disposición como un ataque directo a la subcultura del reggaetón que se filtraba en el paisaje urbano del país.

Casi de la noche a la mañana, un colectivo de artistas y músicos se movilizó para protestar contra el decreto. Con el nombre del barrio de San Isidro, en La Habana Vieja, donde vivían varios de sus miembros, el nuevo movimiento se dirigió directamente a los influyentes culturales del Norte Global, presentándose como una colección diversa de creadores visuales y raperos independientes que luchaban por nada más que la libertad artística.

Quizá por primera vez, la oposición de derechas cubana disponía de un vehículo para introducirse en los círculos progresistas del extranjero.

Con banderas de EE. UU. en la mano, enfrentándose al Estado y cortejando a los famosos

El 6 de noviembre de 2020, un agente de policía se presentó en la casa de Denis Solís, un rapero abiertamente antigubernamental afiliado al Movimiento San Isidro. Solís no tardó en apuntar con la cámara de su teléfono móvil al policía y retransmitió en directo su desafiante encuentro en Facebook.

Tras burlarse del agente con insultos antigay, Solís proclamó: “¡Trump 2020! Trump es mi presidente”.

La visita de la policía fue desencadenada por la excitada cobertura que Solís recibió del Diario de Cuba, una publicación financiada por la NED, y de otros medios antigubernamentales, por un tatuaje estampado en su pecho que decía “Cambio; Cuba Libre”. También había acudido a Facebook para jactarse: “Comunistas, ahora van a tener que arrancarme la piel del pecho”.

La condena de 8 meses de prisión que recibió Solís por “desacato” -un castigo claramente inspirado por el espectáculo que generó con su livestream- fue la chispa que dio origen a la huelga de hambre de noviembre de 2020, que lanzó al Movimiento de San Isidro a la escena mundial.

La huelga se llevó a cabo dentro de la casa de La Habana Vieja del coordinador del Movimiento San Isidro, Luis Manuel Otero Alcántara. Otero, artista afrocubano, ha provocado la ira del gobierno al profanar la bandera cubana, envolviéndola con su torso desnudo en el inodoro y mientras se cepilla los dientes, o extendiéndose sobre ella en ropa interior con la bandera de Estados Unidos.

En otra provocación, Otero reunió a niños para que corrieran por su barrio ondeando una bandera estadounidense gigante, lo que provocó una respuesta policial inmediata y su propia detención durante cuatro días.

La huelga de hambre de una semana de duración en la casa de Otero generó un espectáculo mediático internacional sin precedentes, y generó declaraciones de apoyo de Jake Sullivan, el asesor de seguridad nacional entrante de la administración Biden, y del entonces secretario de Estado Mike Pompeo.

Una visita hábilmente escenificada al lugar de la huelga de hambre por parte de Carlos Manuel Álvarez, un periodista y literato cubano de alto nivel afincado en México, había contribuido a galvanizar el interés de los medios de comunicación internacionales.

Vestido con un cuello de tortuga negro y procedente de las filas de la élite educada de Cuba, Álvarez, con gafas, presentaba un marcado contraste con Otero y su rudo compañero, el rapero antigubernamental Maykel Osorbo. Para los funcionarios del gobierno, tentados de descartar a los líderes de la protesta como un grupo de vulgares vagabundos, la figura del gentil escriba presentaba serias complicaciones.

Álvarez no tardó en encontrar un espacio en la sección de opinión del New York Times para promocionar San Isidro entre el público liberal de Estados Unidos, al tiempo que desgranaba metáforas literarias sobre cómo caminar sobre el adoquín con zapatos de tacón alto para denigrar a la burocracia comunista cubana.

“El movimiento [San Isidro] se ha convertido en el grupo más representativo de la sociedad civil nacional, reuniendo a cubanos de diferentes clases sociales, razas, creencias ideológicas y generaciones, tanto de la comunidad de exiliados como de la isla”, afirmó el escritor.

El 27 de noviembre de 2020, al profundizarse el enfrentamiento entre los artistas cubanos y el Estado, un grupo de artistas inició una sentada frente al Ministerio de Cultura de Cuba. Los manifestantes originales estaban formados en su mayoría por artistas cuyo trabajo había sido patrocinado por el Estado cubano. Y a diferencia de San Isidro, muchos de ellos rechazaron la retórica del cambio de régimen, optando en cambio por un diálogo con el ministro de cultura para resolver el conflicto sobre la libertad de expresión.

Como explica el sociólogo Rafael Hernández en un estudio detallado de la sentada, el diálogo se derrumbó cuando el Movimiento San Isidro y otros elementos respaldados por Estados Unidos impusieron su agenda maximalista a la entidad organizadora, que llegó a conocerse como N27. El New York Times y otros medios anglosajones centraron su cobertura directamente en la chusma anticomunista de San Isidro, mientras que los artistas cubanos de izquierdas “permanecieron invisibles para la prensa extranjera, que no los considera noticia, al igual que a los veteranos y jóvenes disidentes”, observó Hernández.

La intensa cobertura mediática de la sentada situó al Movimiento de San Isidro en la escena internacional, lo que les valió la atención de artistas y escritores célebres de Estados Unidos y Europa. En mayo de 2021, después de que Otero volviera a ser detenido por la seguridad cubana, se publicó una carta abierta al presidente Díaz-Canel en la New York Review of Books, una de las principales revistas de los literatos liberales de Estados Unidos, en la que se exigía su liberación.

Firmada por un elenco de prominentes figuras culturales negras y afrolatinas, entre ellas Henry Louis-Gates, Edwidge Danticat y Junot Díaz, la misiva ilustraba el éxito que estaba teniendo San Isidro en la erosión del apoyo de la intelectualidad negra estadounidense a la revolución cubana.

Con acceso a los principales órganos liberales de los medios de comunicación estadounidenses y con el apoyo de los departamentos de estudios latinoamericanos de todo el país, el colectivo cultural estaba sacando a la oposición anticomunista de Cuba de su base tradicional de derecha en Miami.

Pero su éxito no fue un fenómeno orgánico. De hecho, San Isidro había sido propulsado a la escena internacional gracias al importante apoyo del Departamento de Estado de Estados Unidos, sus filiales para el cambio de régimen y los grupos de presión empresariales de derechas, deseosos de que Cuba se abriera a los negocios.

“Viva la anexión”: el Departamento de Estado, la OEA y los lobbies empresariales se asocian con San Isidro

Cada día, en la revista El Estornudo que fundó, Carlos Manuel Álvarez y sus colegas presentan las malas noticias de Cuba. Mientras pintan el país como un infierno comunista dirigido de forma catastrófica e invadido por las víctimas de Covid-19, comercializa su medio como “independiente”.

En realidad, El Estornudo parece ser uno de los muchos proyectos mediáticos incubados por la National Endowment for Democracy (NED).

“Los colaboradores que hacen la revista son pagados por trabajo producido, con un salario fijo de 400 CUC. Hasta que me fui, El Estornudo era financiado por la NED y la [Fundación] Open Society”, dijo Abraham Jiménez Enoa, antiguo redactor de la revista, refiriéndose respectivamente al brazo del gobierno estadounidense para el cambio de régimen y a la fundación de George Soros.

El Estornudo forma parte de una constelación de medios delegados para criticar la respuesta cubana de Covid por el Institute for War and Peace Reporting (IWPR), una ONG que recibió 145.230 dólares de la NED en 2020 para “fortalecer la colaboración entre los periodistas independientes cubanos” y capacitarlos en los medios sociales.

Los medios antigubernamentales que operan bajo los auspicios de IWPR también incluyen a Tremenda Nota, un sitio de temática LGBTQ que acusa rutinariamente al gobierno cubano de homofobia y transfobia, incluso cuando el gobierno de Díaz-Canel ha avanzado en la legalización del matrimonio gay, ha abierto el ejército a los soldados homosexuales y ha iniciado eventos oficiales del orgullo.

La junta directiva del IWPR está formada por antiguos funcionarios de la OTAN y figuras de los medios de comunicación corporativos, incluido el antiguo presidente del Financial Times. Aunque la ONG ha borrado desde entonces su lista de patrocinadores de su sitio web, una página archivada revela asociaciones con la NED y sus filiales del gobierno estadounidense, así como con contratistas confirmados de la inteligencia británica como Albany Associates y la Fundación Thomson Reuters.

Carlos Manuel Álvarez no es ni mucho menos el único miembro de San Isidro cercano a las entidades estadounidenses de cambio de régimen. Además de él, está Yaima Pardo, una cineasta cubana y especialista en tecnología cuyo documental de 2015, “Offline”, hizo hincapié en la necesidad de la expansión de Internet para fomentar la disidencia.

Pardo es actualmente la directora multimedia de ADN Cuba, un medio antigubernamental con sede en Florida que recibió 410.710 dólares de USAID sólo en 2020.

Esteban Rodríguez, de San Isidro, reportero de ADN Cuba, ha celebrado como “perfecta” la prohibición de remesas familiares a Cuba impuesta por Trump, que debilita económicamente. “Si estuviera en Estados Unidos, habría votado a Trump”, dijo Rodríguez a The Guardian.

Cuando San Isidro lanzó su campaña internacional contra el Decreto 349, eligió hacerlo en la Organización de Estados Americanos (OEA) – la organización regional con sede en Washington DC burlada por Fidel Castro como “el ministerio yanqui de las colonias.”

Allí, el cofundador de San Isidro, Amaury Pacheco, fue recibido por Luis Almagro, el Secretario General de la OEA que ayudaría a orquestar el golpe militar de la derecha en Bolivia ese mismo año. También estuvieron presentes para dar la bienvenida a los artistas cubanos funcionarios del Departamento de Estado y Carlos Trujillo, un leal a la derecha de Trump que se desempeña como representante de Estados Unidos ante la OEA.

“El arte en Cuba es más necesario que nunca”, proclamó Almagro. “Es necesario exponer los desafíos de la represión” del Estado cubano.

Como informó el Instituto Samuel Robinson, con sede en Venezuela, San Isidro ha estrechado sus lazos con la derecha internacional a través de la fundación CADAL, que lo nominó para el Premio Freemuse a la Expresión Artística, patrocinado por el Estado de la OTAN. CADAL está en el centro de una red de organizaciones libertarias que aprovechan el dinero de las empresas para impulsar el fundamentalismo del libre mercado en toda América Latina.

Entre los socios más cercanos de CADAL se encuentra la Red Atlas, un frente de cabildeo corporativo establecido con la ayuda de los Hermanos Koch para promover la economía libertaria y socavar los gobiernos socialistas en todo el mundo.

El think tank también está patrocinado por el Departamento de Estado de EE.UU., la NED y sus filiales, incluyendo el Centro para la Empresa Privada Internacional, que se dedica a “fortalecer la democracia en todo el mundo a través de la empresa privada y la reforma orientada al mercado”.

En enero de 2021, los principales miembros de San Isidro, incluidos Otero y Pardo, participaron en un seminario web organizado por otro grupo de expertos de derechas respaldado por las empresas. Esta vez, fueron invitados por el Centro Latinoamericano de Federalismo y la Fundación para la Libertad.

Patrocinada por empresas multinacionales decididas a transformar Cuba en un paraíso del libre mercado, e inspirada en la filosofía de Ayn Rand, la fundación con sede en Argentina también está directamente afiliada a la Red Atlas.

Entre los participantes en el seminario web estaba Iliana Hernández, reportera de Cibercuba, uno de los muchos medios antigubernamentales que han surgido en los últimos años tras la expansión de los servicios de Internet.

En un debate sobre las elecciones de noviembre de 2020 en su página de Facebook, Hernández argumentó que como Trump “iba a tomar medidas más duras contra la tiranía… creo que, por la libertad de Cuba, debería ganar Trump”.

También detalló la amplia coordinación entre el Movimiento de San Isidro y los funcionarios del Departamento de Estado que prestan servicios en la Embajada de Estados Unidos en La Habana.

Refiriéndose a sus conversaciones con los encargados de negocios de línea dura de EE. UU., Timothy Zúñiga-Brown, y su predecesora, Mara Tekach, Hernández comentó: “En esta última conversación con el Sr. Tim [Zúñiga] Brown, lo que me dijo fue, ‘¿cómo podemos ser de ayuda? Es decir, ¿qué podemos hacer? Porque, quiero decir, él quería recibir órdenes de mí y no al revés. Le dije cómo podía ayudar”.

Otero también ha cultivado estrechas relaciones con funcionarios del Departamento de Estado de Estados Unidos. En julio de 2019, él y otros miembros de San Isidro se pavonearon con orgullo por el recinto de la embajada estadounidense en La Habana durante un acto de conmemoración del Día de la Independencia de Estados Unidos.

Adonis Milan, un director de teatro de La Habana afiliado a San Isidro, publicó fotos en Facebook de él mismo, un artista de reggae y miembro de San Isidro llamado Sandor Pérez Pita, y Otero “disfrutando de unas horas de libertad dentro de Cuba” mientras se tomaban selfies con marines estadounidenses.

“Viva la anexión”, escribió Milan en un post en el que expresaba su “ferviente pasión por la bella gringa”.

Preguntado por un periodista sobre el encuentro que mantuvo en una calle de La Habana con la ex encargada de negocios de EE.UU. Tekach, Otero respondió: “Es una diplomática. Yo puedo reunirme con Mara Tekach o con el embajador de Francia; con mi amigo, el embajador de Holanda, o con el de la UE. Incluso con el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, si algún día quiere hablar conmigo”.

En abril de 2021, el gobierno cubano afirmó haber descubierto documentos que revelaban pagos de 1.000 dólares al mes a Otero por parte del Instituto Nacional Demócrata, una filial de la NED. Las acusaciones salieron a la luz justo cuando el artista planeaba exponer cuadros de envoltorios de caramelos en su casa e invitar a los niños de la zona a verlos, burlándose de la dulce vida que el socialismo les había negado. Otero negó rotundamente haber recibido pagos de los equipos de cambio de régimen del gobierno estadounidense.

Para entonces, Otero se había convertido en una estrella de un himno viral colaborativo que había proporcionado a la contrarrevolución cubana un eslogan unificador y una banda sonora de protesta.

Presentamos “Patria y Vida”, el himno de rap favorito del Departamento de Estado de EE.UU.

La primera canción a la que se atribuye directamente la movilización de los cubanos para protestar contra su gobierno fue grabada por un grupo de raperos y artistas de reggaetón que incluía a dos miembros del Movimiento de San Isidro.

Aclamada por el medio de comunicación estatal estadounidense NPR como “la canción que ha definido el levantamiento en Cuba”, “Patria y Vida” ha acumulado más de 7 millones de visitas desde que se estrenó en YouTube el 16 de febrero de 2021.

Grabada en Miami, la canción cuenta con tres intérpretes cubanos autoexiliados: Yotuel, del grupo de hip-hop Orishas, el dúo de reggaeton Gente de Zona y el cantautor Descemer Bueno. Los complementan dos miembros del Movimiento San Isidro, radicados en La Habana: los artistas de hip-hop El Funky y Maykel “Osorbo” Castillo.

Osorbo ha proclamado que “daría [su] vida por Trump” si el presidente estadounidense impusiera un bloqueo total a Cuba con “las costas bloqueadas, que no entre nada, ni salga nada… como hicieron en Venezuela.”

El vídeo de “Patria y Vida” se abre con la curiosa imagen del héroe anticolonial cubano José Martí fundiéndose con la del padre fundador de Estados Unidos y esclavista colono George Washington.

En el clímax de la canción, los raperos Osorbo y El Funky aparecen en pantalla flanqueados por Otero, de San Isidro. Afirmando haber filmado su actuación subrepticiamente, los raperos aparecen sin embargo en un vídeo de alta calidad coreando “¡Patria y Vida!”.

Este eslogan era un giro abierto del mantra revolucionario cubano, “Patria o Muerte”, que fue pronunciado por primera vez por Fidel Castro en un acto en memoria de los estibadores muertos por el sabotaje mortal de la CIA al carguero La Coubre en el puerto de La Habana en 1960. Al invertir el voto de Castro de defender la soberanía de Cuba con su vida, los autores de la canción apuntan a la cultura política antiimperialista inculcada a los cubanos a lo largo de seis décadas.

Los versos de Osorbo y El Funky mezclan ataques lacerantes al gobierno socialista con homenajes a San Isidro:

“Seguimos dando vueltas, seguridad, desviando con prisma

Estas cosas me indignan, se acabó el enigma

Ya está bien de tu malvada revolución…”.

Apenas una semana después del lanzamiento de la canción, la directora entrante de la USAID, Samantha Power, se dirigió a Twitter para proclamar “Patria y Vida” como un reflejo de una “nueva generación de jóvenes en Cuba y de cómo están luchando contra la represión del gobierno”.

Aunque Power no es especialmente conocida como conocedora del hip-hop, se ha ganado la reputación de crear estados fallidos en lugares como Libia orquestando campañas militares intervencionistas humanitarias. Es difícil imaginar que su repentino interés por un himno viral del rap cubano no estuviera guiado por una dedicación al cambio de régimen en la isla.

El Grupo del Partido Popular Europeo del Parlamento Europeo, de centro-derecha, también se movilizó para promover “Patria y Vida” apenas una semana después de su lanzamiento. En Bruselas, el parlamentario europeo Leopoldo López-Gil -el oligarca español padre del golpista derechista venezolano Leopoldo López- ayudó a recibir a Otero, Yotuel, del Movimiento San Isidro, y a varias otras figuras detrás de la creación de “Patria y Vida”.

“Hoy les pido que condenen al gobierno cubano, para que mi isla tenga la fuerza de levantarse…” declaró Yotuel. “Mi pueblo necesita a Europa, mi pueblo necesita que Europa señale al abusador”.

También estuvo presente en el acto del Parlamento de la UE Juan Guaidó, el falso “presidente” de Venezuela designado por Estados Unidos que lanzó un fallido golpe militar junto a su mentor, Leopoldo López Jr.

En los días siguientes, los intérpretes de “Patria y Vida” siguieron haciendo las rondas de cambio de régimen. El 12 de marzo, Yotuel y Gente de Zona mantuvieron una llamada de Zoom con funcionarios del Departamento de Estado, informándoles sobre el éxito de la canción y las demandas del Movimiento de San Isidro.

Tres meses más tarde, como informó el periodista Alan MacLeod, la USAID de Power publicó un anuncio de 2 millones de dólares en oportunidades de subvención para las organizaciones de la “sociedad civil” que buscan promover el cambio de régimen en Cuba.

Destacando la estrategia de larga data de la agencia de explotar los grupos demográficos más afectados por las sanciones de Estados Unidos, el documento hizo hincapié en la necesidad de programas que “apoyen a las poblaciones marginadas y vulnerables, incluyendo pero no limitado a los jóvenes, las mujeres, LGBTQI +, líderes religiosos, artistas, músicos, y las personas de ascendencia afro-cubana”.

En el documento, la USAID señaló a “Patria y Vida” como una victoria propagandística que ayudó a producir un “momento decisivo”, y que presagiaba las protestas que estaban por venir.

Menos de un mes después, el 11 de julio, Otero hizo un llamamiento para salir a las calles de La Habana en nombre del Movimiento de San Isidro. Pronto, cientos de manifestantes se reunieron en el malecón de la ciudad, algunos con carteles que decían “Patria y Vida”. La visión de la oposición de un levantamiento nacional capaz de arrasar con el socialismo parecía estar cobrando forma.

Detrás de las protestas había una serie de factores, desde el colapso de una central eléctrica en la ciudad de Holguín, hasta los intentos vacilantes del gobierno de unificar la moneda, pasando por las heridas económicas abiertas por el bloqueo estadounidense y que siguen supurando por el periodo especial de privaciones.

Pero a través de los guerreros de la cultura de San Isidro, ahora delegados por Washington como rostros y voces oficiales de la oposición cubana, las demandas de los manifestantes fueron interpretadas como un grito maximalista para que Washington intensifique sus esfuerzos de cambio de régimen.

El Movimiento de San Isidro va a Washington

Aunque las protestas se desvanecieron rápidamente, los comentarios del presidente Joe Biden denigrando a la Cuba sometida al embargo de EEUU como un “estado fallido”, y prometiendo añadir nuevas sanciones aplastantes a las impuestas por Trump, sugirieron que la administración demócrata no volvería al proceso de normalización de Obama. Por lo tanto, se logró un objetivo clave a corto plazo del lobby del cambio de régimen de Miami.

Las audiencias del 20 de julio en el Congreso sobre Cuba en el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes destacaron el papel fundamental que ha desempeñado San Isidro en el renovado impulso para derrocar al gobierno de Cuba.

Allí, la representante Debbie Wasserman-Schultz, demócrata de derechas del sur de Florida, citó un comentario de la académica liberal Amalia Dache en el que atacaba a Black Lives Matter por su declaración de solidaridad con la revolución cubana. Luego señaló a los afrocubanos como una base emergente del fermento anticomunista en la isla.

A varios metros de distancia estaba sentado el representante Mark Green, un republicano pro-Trump, luciendo una camisa con el lema “Patria y Vida” debajo de su chaqueta.

Ese mismo día, en el Capitolio, la derechista Victims of Communism Memorial Foundation honró al Movimiento de San Isidro durante su Cumbre de la Semana de las Naciones Cautivas.

En su discurso de presentación del premio a los Derechos Humanos de los Disidentes al Movimiento de San Isidro, el fundador de Víctimas del Comunismo y veterano operativo del movimiento conservador, Lee Edwards, declaró: “no siempre es la política, sino la cultura, lo que es tan importante en la batalla que estamos librando en este momento.”

Maykel Osorbo, el artista de hip-hop que protagonizó “Patria y Vida”, aceptó el premio en nombre de San Isidro. “Hermano mío, quiero darte las gracias de todo corazón”, exclamó en un mensaje pregrabado a la multitud de republicanos plateados de derechas. Como veremos en la segunda parte de esta investigación, los agentes patrocinados por el gobierno de Estados Unidos y afiliados al Movimiento de San Isidro ayudaron a sentar las bases de las protestas de julio en Cuba desde suelo estadounidense. Trabajando desde Florida, lanzaron el hashtag #SOSCuba pidiendo la intervención de

Qué le ha pasado a Yotuel

Pues bien, seguimos con el tema del post anterior, las manifestaciones recientes en Cuba. Hoy reproduzco aquí, en mi blog, un artículo del periodista norteamericano Max Blumenthal, publicado hoy en el periódico Granma.

Como preámbulo cuento que antes de la pandemia en una actividad cultural en la Embajada de Cuba en España, a la que invitaron a mi familia y a mí, conocí a este destacado musico popular cubano. La verdad que me produjo una buena impresión, lo conocía por su música y también por su participación en programas muy populares de la televisión de aquí, donde con mucho desparpajo narraba cosas de Cuba, particularmente del entorno de los barrios más humildes de La Habana. Creo recordar que no estaba su esposa, la española Beatriz Luengo, actriz y cantante también muy conocida e igualmente simpática. Me pareció muy bonito y deseado el gesto de la Embajada de Cuba de reunirnos a personas con distintas sensibilidades políticas con un denominador común, ser cubanos que conservamos intactas nuestras raíces y amamos nuestra tierra.

Después supe de la controvertida canción Patria y Vida. Me tomó un poco de sorpresa, porque la letra refleja un grado de agresividad hacia el sistema de gobierno cubano que no me resultaba coherente. Posteriormente se produjo un intercambio de ofensas en las redes sociales (el gran “solar” de barrio de la aldea global) en las cuales decían que algún funcionario cubano había llamado “jinetero” al artista, despectivo que se utiliza en Cuba para señalar a quienes se dedican a mantener relaciones con extranjeros para obtener beneficios. No me consta, pero me pareció, cuando menos, sorprendente, aunque en las redes no hay casi nada que no lo sea.

En este artículo, que reproduzco textualmente, se dicen acusaciones gruesas tanto contra Yotuel como de los que se han dado en llamar Movimiento San Isidro. Desde luego, si Yotuel o cualquier otro, está recibiendo fondos y apoyo de las Agencias Norteamericanas, para desestabilizar al país, encontraran el desprecio de los que como yo, repudiamos, condenamos y aborrecemos la intromisión de cualquier otro Estado en los asuntos internos de Cuba.

Sí adelanto, independiente de lo que conozcamos después, que al ver en la tele a Yotuel, en la manifestación del pasado domingo en Madrid, acompañado de ciertos líderes de partidos de la derecha más extrema, se lo habría ahorrado con un “gracias, pero mejor no me defiendan, compadres”, como decimos en Cuba. Pero bueno, esto es cuestión de ideología, cada cual con la suya.

Seguiré atento a la publicación de las investigaciones que nos anuncia el señor Max Blumenthal porque es muy importante que sepamos con exactitud las pruebas que sostienen estas acusaciones y desde luego, las publicaré como también lo haría si los aludidos responden, siempre desde el respeto y la decencia. Insultos ni uno. Pago con mi pensión este dominio en internet para que solo me mande mi conciencia. Es una suerte.

A continuación el texto del mencionado artículo:

La contrarrevolución cultural cubana: Los raperos y artistas respaldados por el gobierno de EE.UU. ganan fama como “catalizadores de los disturbios actuales”

El Movimiento de San Isidro, que se presenta como un colectivo popular de artistas que luchan por la libertad de expresión, se ha convertido en un arma clave en el asalto del gobierno estadounidense a la revolución cubana

Autor: Max Blumenthal | internet@granma.cu

28 de julio de 2021 19:07:57

 “Mi pueblo necesita a Europa, mi pueblo necesita que Europa señale al maltratador”, proclamó Yotuel, un rapero cubano afincado en España, en un acto del Parlamento de la UE convocado por legisladores de derechas antes de ceder el micrófono al golpista venezolano Juan Guaidó. Días después, Yotuel mantuvo una llamada de Zoom con funcionarios del Departamento de Estado para hablar de “Patria y Vida”, el himno rapero anticomunista del que fue autor.

Mientras se despeja el polvo de un día de protestas en las ciudades cubanas, el Wall Street Journal ha calificado a “Patria y Vida” como el “grito de guerra común” de los opositores al gobierno de Cuba, mientras que Rolling Stone la ha calificado como “el himno de las protestas en Cuba”.

Además de Yotuel, los dos raperos que colaboraron en la canción forman parte de un conjunto de artistas, músicos y escritores llamado Movimiento San Isidro. Los medios de comunicación estadounidenses han atribuido a este colectivo el mérito de “ser el catalizador de los actuales disturbios”.

A lo largo de los últimos tres años, a medida que las condiciones económicas empeoraban bajo la escalada de la guerra económica de Estados Unidos, mientras el acceso a Internet se ampliaba como resultado de los esfuerzos de la Administración Obama por normalizar las relaciones con Cuba, el Movimiento San Isidro ha invitado a un conflicto abierto con el Estado.

Con actuaciones provocadoras en las que sus figuras más destacadas han desfilado por La Habana Vieja ondeando banderas estadounidenses, y con flagrantes muestras de desprecio por los símbolos nacionales cubanos, San Isidro se ha enemistado con las autoridades, provocando frecuentes detenciones de sus miembros y campañas internacionales para liberarlos.

Al establecerse en una zona mayoritariamente afrocubana de La Habana Vieja y trabajar a través de medios como el hip-hop, San Isidro también ha maniobrado para poner en entredicho la imagen racialmente progresista que el gobierno cubano de izquierdas se ganó con su histórica campaña militar contra la Sudáfrica del apartheid y el asilo que ofreció a los disidentes negros estadounidenses. En este caso, el Movimiento de San Isidro parece seguir un modelo articulado por el grupo de presión estadounidense para el cambio de régimen.

Durante la última década, el gobierno de Estados Unidos ha gastado millones de dólares para cultivar raperos, músicos de rock, artistas y periodistas cubanos antigubernamentales en un intento explícito de convertir en un arma a la “juventud desocializada y marginada.” La estrategia implementada por Estados Unidos en Cuba es una versión en la vida real de las fantasías que los demócratas anti-Trump entretenían cuando se preocupaban de que Rusia estuviera patrocinando encubiertamente a Black Lives Matter y Antifa para sembrar el caos en la sociedad norteamericana.

Tal y como revelará esta investigación, los principales miembros del Movimiento San Isidro han recibido financiación de organizaciones para el cambio de régimen como la Fundación Nacional para la Democracia y la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, al tiempo que se han reunido con funcionarios del Departamento de Estado, con personal de la embajada de Estados Unidos en La Habana, con parlamentarios europeos de derechas y con golpistas latinoamericanos, desde el venezolano Guaidó hasta el secretario general de la OEA, Luis Almagro.

San Isidro también ha recibido el apoyo de una red de think tanks fundamentalistas del libre mercado que no ocultan su plan de transformar Cuba en una colonia para las corporaciones multinacionales. Días después de que estallaran las protestas en Cuba, la dirección de San Isidro aceptó un premio de la Fundación Memorial de las Víctimas del Comunismo, un think tank republicano de derechas de Washington que incluye a los soldados alemanes nazis en su recuento de muertes históricas a manos del comunismo.

Detrás de su marca como intelectuales cosmopolitas, raperos renegados y artistas de vanguardia, San Isidro ha abrazado abiertamente la política extremista del lobby cubano de Miami. De hecho, sus miembros más prominentes han expresado un efusivo apoyo a Donald Trump, han respaldado las sanciones estadounidenses y han clamado por una invasión militar de Cuba.

No obstante, el colectivo cultural ha hecho incursiones en los círculos progresistas de la intelectualidad norteamericana, trabajando para debilitar los tradicionales lazos de solidaridad entre la revolución cubana y la izquierda estadounidense. Como veremos, el ascenso del Movimiento San Isidro es el último capítulo del libro de jugadas emergente del imperialismo interseccional.

26 de julio: Cuba, siempre contigo

Hoy es un día muy especial. En 1953, en Santiago de Cuba, un grupo de jóvenes, encabezados por Fidel Castro, asalta al Cuartel Moncada con el fin de derrocar al dictador Fulgencio Batista. La juventud cubana de entonces comenzó ahí una larga lucha que concluyó con el triunfo de los legendarios barbudos en enero de 1959.

La Cuba de entonces era muy desigual, mucha riqueza concentrada en pocas manos y una gran pobreza de las clases humildes, con acento terrible en los campos del país y un dictador sanguinario que reprimió con extrema dureza cualquier manifestación de rebeldía.

Honor y honra para aquella generación que arriesgó su vida para buscar un futuro mejor.

Crecí disfrutando de esa epopeya, con ese aire de reivindicación y de justicia. Me marcó aquella hermosa campaña de alfabetización, en 1961, donde miles de jóvenes se fueron a los campos a enseñar a leer a los adultos que no sabían, que era la mitad de los mayores de las zonas rurales. Me sentí héroe, aunque poco hice con 12 años. Aprendí a encender los faroles típicos para alumbrar donde no había luz eléctrica, que era casi en todos los campos y todavía tarareo el himno o marcha de aquella contienda, que compuso el gran cubano Eduardo Saborit, y me emociono:

“…Por llanos y montañas

el brigadista va,

cumpliendo con la Patria,

luchando por la paz.

¡Cuba! ¡Cuba!

¡Estudio ¡Trabajo! ¡Fusil!

¡Lápiz ¡Cartilla! ¡Manual!

¡Alfabetizar! ¡Alfabetizar!

¡Venceremos!”

Justo aquel año, en abril, se produjo la invasión de Bahía de Cochinos, o Playa Girón, en la que tropas compuesta por exiliados, apoyados por los Estados Unidos desembarcaron y fueron vencidos en menos de 72 horas por las Milicias Revolucionarias y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba.

Le siguió la Crisis de Octubre de 1962, aquellos días en que toda la humanidad estuvo al borde de una guerra nuclear entre la antigua URSS y los Estados Unidos, en medio de la cual estaba la Isla, amenazada con desaparecer en el primer envite. Cómo olvidar aquellos días, desde mi perspectiva juvenil, allá por Las Nuevas, en Chaparra, entre campos de cañas y vías del tren que transportaba la cosecha al central azucarero, patrullando de noche con mi hermano, con un trozo de caña como arma letal. ¡Una caña como defensa contra una probable guerra nuclear!  

Después vinieron los planes de becas que disfrutamos en la capital. Cientos de miles de jóvenes del interior del país, a gastos pagados, con todo lo necesario para alcanzar estudios, impensable antes para las clases humildes.

Hago este relato para llegar a este 26 de julio, a las amenazas que se ciernen sobre nuestra tierra en estos momentos y también a las oportunidades.

No voy a profundizar en la causa de los recientes hechos porque en el post anterior creo que lo expuse. Ahora solo quiero insistir en la necesidad que tiene Cuba de actualizar su proyecto, visto desde la distancia y de mi ausencia del país durante los últimos 20 años. Seguramente que estos factores me pueden llevar a errores de apreciación, pero no puedo callar cuando creo que está en juego la causa que me ha dado aliento, no solo a mí, sino a mi generación y a muchos luchadores sociales de muchas partes del mundo.

Me he esforzado en los días posteriores al 11 de julio, cuando ocurrieron las protestas, en oír y leer lo que se ha difundido por los medios de prensa, tanto nacionales como la prensa española y otras de diferentes países. También, y con mucho respeto, medios de prensa digital independiente de Cuba, algunos que ni siquiera conocía. De todos, me ha sorprendido agradablemente, la plataforma Joven Cuba y el Periodismo de Barrio.  No me quedé ahí y fui más, escuché con mucho detenimiento algunos videos compartidos en las redes por algunos participantes de esos sucesos. Uno de ellos, el del joven dramaturgo Yunior García Aguilera, al cual contacté por Messenger (Facebook) para   hacerle una pregunta y amablemente me respondió. Es de los participantes que hace algunos meses se emplazaron frente al Ministerio de Cultura para solicitar diálogo con ese ministerio. Ahora estuvo frente al ICRT, el organismo que dirige la Radio y Televisión del país, para intentar dirigir un mensaje sobre los actos que se estaban sucediendo en San Antonio de los Baños. Desde luego, no se lo permitieron, ni aquí, ni en otro lugar del mundo se puede llegar a una emisora a interrumpir una programación para dar un mensaje. Aunque no creo que eso justifique que los sacaran a la fuerza de allí, amontonados en un camión de residuos.

En estas manifestaciones, a diferencia de otros hechos, no leí nada de la participación de los titulados grupos de disidentes tradicionales, que han sido acusados muchísimas veces como peones al servicio de la CIA y que reciben dinero por sus servicios. Creo que estuvieron fuera del tema. No sé por qué.

He relatado todo esto para concretar algunas ideas. Lo primero, Cuba necesita canalizar legamente un espacio para que ese torrente de opiniones críticas sea atendido y tenido en cuenta. Si no quieren o no pueden ir a más, por el sistema unipartidista establecido, al menos que se legalicen esas plataformas u organizaciones de la sociedad civil que, aunque no compartan el sistema político imperante, lo acaten y respeten la legalidad establecida. Probablemente el Partido único gobernante reciba más cosas útiles a través de esta vía que la que reciben por sus propias estructuras que muchas veces confunden la disciplina y la lealtad con la indolencia y la desidia.

Lo otro es dar una información oficial de los detenidos y resultados de los procesos penales cuando así haya ocurrido. No puede ser que por otras vías se estén dando cifras y que no haya un contraste con la información que lógicamente disponen las autoridades. Esto estrecharía el margen a los posibles bulos y especulaciones que puedan circular.

Hay que agilizar toda la legislación necesaria para implementar el texto de la Constitución que se aprobó en referéndum en 2019. Debe quedar claro el derecho a la libertad de opinión y de manifestación de los ciudadanos. Establecer los límites y los procedimientos para facilitarlo. Desterrar para siempre la confrontación agresiva entre cualquier bando, jamás deberíamos ver actos violentos de los partidarios del gobierno para reprimir manifestaciones, además de incivilizado y grotesco, es la fábrica mas grande que existe para fomentar el odio y el rencor entre los ciudadanos y muchísimo menos que sean promovidos desde el poder. Nunca más lo ocurrido cuando la llamada crisis del Mariel. Es el dialogo, es la palabra la única y poderosa arma que debe tener una causa justa y humana. Por otra parte, resulta mediocre, falta de imaginación y de iniciativa que un sector o grupo de personas quiera establecer diálogo con el gobierno y esto no sea satisfecho.

Es verdad que la coyuntura es muy excepcional, la crisis sanitaria en estos momentos es lo que debe mandar, salvar vidas, evitar contactos, evitar actos multitudinarios, eso es prioritario ahora, pero hay al menos que anunciar la voluntad política de continuar con las reformas con toda celeridad y decisión. No debe sufrir prisión nadie que haya participado pacíficamente en estos acontecimientos. El hecho de que hoy, Yunior y otros de sus compañeros estén en libertad, como debe ser, me anima a pensar que sucederá igual con el resto de las personas que participaron pacíficamente.

Biden y su administración son pocos creíbles cuando oportunistamente ahora, en vez de relajar el despiadado bloqueo comercial y financiero contra Cuba, lo refuercen. Tal vez el susto que les hizo pasar Trump, los tenga paralizados. Impacta mucho ver que hordas incontrolables casi dan un golpe de estado en su propio Capitolio. Es una pena, un flaco favor si aspiran a la democratización de Cuba, sabiendo que la política seguida por Obama y de la que él participó, acercó más que nunca la ansiada flexibilidad del sistema cubano. Esa política tuvo más resultado que la hostilidad de los diez presidentes que le precedieron. Probablemente el longevo presidente tenga que satisfacer algunas contraprestaciones a la derecha más anticubana de la Florida para salvar su propio pellejo.  

Los jóvenes de hoy, su actitud crítica, sus inquietudes son herederas del espíritu de quienes en 1953 hicieron su esfuerzo máximo por cambiar las cosas. La historia no se acabó en 1959, la historia seguirá escribiéndose más allá de todos los que seguimos vivos.

Manifestaciones en Cuba: pirómano o bombero

He seguido con mucha ilusión y simpatía las transformaciones, fundamentalmente en el plano económico, que empezaron a producirse desde la asunción de Raúl Castro como dirigente máximo de Cuba. Me parecían medidas tardías y lentas, pero bien orientadas hacia la superación de muchos errores. Desde luego, a mi juicio, todavía falta una reflexión crítica potente del pasado, al alcance de la comprensión de nuestro pueblo, para que todos entendamos que hay un claro propósito de enmienda. Así marchaban las cosas cuando empezaron a juntarse, como maldiciones, circunstancia muy graves. La elección de Trump como presidente de los EEUU y su política abusiva y despiadada contra Cuba con la puesta en marcha de un plan quirúrgico personalizado con más de doscientas decisiones claves para asfixiar a la Isla.  A la par, surge la pandemia del coronavirus que ha puesto en jaque a toda la humanidad, con una profunda crisis económica y social sin precedentes. Todo esto, en el caso cubano, coincidiendo con un cambio generacional de dirigentes que empezaron a ejecutar las transformaciones del sistema económico anunciadas tantas veces y que no se llegaban a materializar.

Así las cosas, la tormenta perfecta explotó el pasado domingo con manifestaciones populares pacíficas en distintos puntos del país. Muestra del hartazgo por la carencia de alimentos básicos, de medicinas, averías del servicio eléctrico, malas condiciones en los lugares de aislamiento para enfermos del virus y otra suma de calamidades cotidianas que deben resolver los ciudadanos para subsistir.

Desde hace meses se viene diciendo que el Ministerio del Interior ha arreciado el acoso a cualquier manifestación crítica de los ciudadanos que publican en las redes sociales. También una falta de empatía con algunos colectivos del sector cultural.

Ya sabemos que desde Los Estados Unidos y sus agencias de inteligencia se emplean significativos recursos para intentar desestabilizar el gobierno cubano, eso queda dicho y está corroborado y documentado. Pero no todo el que critica las insuficiencias y carencias en Cuba es un agente al servicio de un gobierno extranjero, ni un mercenario y distinguir eso es fundamental para no cometer graves errores de estigmatización a personas o colectivos que piensan distinto sobre el sistema político del país.  

El pueblo de Cuba, como cualquier pueblo, tiene derecho de expresar libremente sus quejas y manifestarse pacíficamente, eso lo recoge la propia Constitución cubana que fue aprobada en referéndum y el gobierno está obligado a gestionar esas críticas y desde el respeto, atenderlas y buscarle soluciones o explicaciones convincentes. Esto es elemental.

Lo ocurrido estos días, donde se ven escenas de abuso policial contra manifestantes pacíficos, televisado al mundo casi en directo, denigra al sistema político del país y es un flaco favor a la izquierda mundial y a los movimientos de solidaridad con la Isla. 

En la mayoría de las grandes manifestaciones públicas, en casi todas partes, se producen excesos, tanto por grupos extremistas como por algunos servidores de las fuerzas del orden, pero lo que cuenta es el temple del gobierno para investigar lo sucedido y la puesta en manos de los tribunales a los culpables.

Es sencillamente inconcebible y torpe que un gobernante, como ha hecho el presidente cubano, Díaz Canel, ante la ola de protestas ciudadanas, convoque una contramanifestación para que se enfrenten.  Un presidente no es un pirómano, es el bombero.         

Sencillo homenaje a mi padre

Cada año, cuando se acerca el tercer domingo de junio, fecha que en Cuba se celebra el día de los padres, me viene a la cabeza le lección que me dio mi padre, ya siendo octogenario, con los achaques propios de la edad y de los años duros que le tocó vivir.

Frente a la humilde, bella y entrañable casa de madera y techo de las hojas de la palma real (pencas), estaba cavando un hueco con una azada (azadón) para plantar un cocotero. Le vi tan frágil y fatigado que me acerqué y le pedí que dejara de hacer tanto esfuerzo.

Se detuvo, me miró fijamente y me respondió, “hijo, soy viejo, sé que no beberé el agua de coco que estas plantas producirán, pero yo he bebido mucha agua de coco en mi vida, he comido muchos dulces de estas frutas, qué menos puedo hacer que plantarlas ahora para que otros puedan disfrutar lo que yo he disfrutado”

Desde luego, la única opción que tuve fue pedirle el azadón y ponerme, junto a él, a sacar la tierra del hueco, colocar el coco y cubrirlo de nuevo utilizando la tierra removida.

Con el tiempo, entendí, en toda su magnitud, la enseñanza de aquel sencillo acto de apelación a cuidar la naturaleza y ser solidarios con los que vendrán después. Es una gran herencia.