Hoy es un día muy especial. En 1953, en Santiago de Cuba, un grupo de jóvenes, encabezados por Fidel Castro, asalta al Cuartel Moncada con el fin de derrocar al dictador Fulgencio Batista. La juventud cubana de entonces comenzó ahí una larga lucha que concluyó con el triunfo de los legendarios barbudos en enero de 1959.

La Cuba de entonces era muy desigual, mucha riqueza concentrada en pocas manos y una gran pobreza de las clases humildes, con acento terrible en los campos del país y un dictador sanguinario que reprimió con extrema dureza cualquier manifestación de rebeldía.

Honor y honra para aquella generación que arriesgó su vida para buscar un futuro mejor.

Crecí disfrutando de esa epopeya, con ese aire de reivindicación y de justicia. Me marcó aquella hermosa campaña de alfabetización, en 1961, donde miles de jóvenes se fueron a los campos a enseñar a leer a los adultos que no sabían, que era la mitad de los mayores de las zonas rurales. Me sentí héroe, aunque poco hice con 12 años. Aprendí a encender los faroles típicos para alumbrar donde no había luz eléctrica, que era casi en todos los campos y todavía tarareo el himno o marcha de aquella contienda, que compuso el gran cubano Eduardo Saborit, y me emociono:

“…Por llanos y montañas

el brigadista va,

cumpliendo con la Patria,

luchando por la paz.

¡Cuba! ¡Cuba!

¡Estudio ¡Trabajo! ¡Fusil!

¡Lápiz ¡Cartilla! ¡Manual!

¡Alfabetizar! ¡Alfabetizar!

¡Venceremos!”

Justo aquel año, en abril, se produjo la invasión de Bahía de Cochinos, o Playa Girón, en la que tropas compuesta por exiliados, apoyados por los Estados Unidos desembarcaron y fueron vencidos en menos de 72 horas por las Milicias Revolucionarias y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba.

Le siguió la Crisis de Octubre de 1962, aquellos días en que toda la humanidad estuvo al borde de una guerra nuclear entre la antigua URSS y los Estados Unidos, en medio de la cual estaba la Isla, amenazada con desaparecer en el primer envite. Cómo olvidar aquellos días, desde mi perspectiva juvenil, allá por Las Nuevas, en Chaparra, entre campos de cañas y vías del tren que transportaba la cosecha al central azucarero, patrullando de noche con mi hermano, con un trozo de caña como arma letal. ¡Una caña como defensa contra una probable guerra nuclear!  

Después vinieron los planes de becas que disfrutamos en la capital. Cientos de miles de jóvenes del interior del país, a gastos pagados, con todo lo necesario para alcanzar estudios, impensable antes para las clases humildes.

Hago este relato para llegar a este 26 de julio, a las amenazas que se ciernen sobre nuestra tierra en estos momentos y también a las oportunidades.

No voy a profundizar en la causa de los recientes hechos porque en el post anterior creo que lo expuse. Ahora solo quiero insistir en la necesidad que tiene Cuba de actualizar su proyecto, visto desde la distancia y de mi ausencia del país durante los últimos 20 años. Seguramente que estos factores me pueden llevar a errores de apreciación, pero no puedo callar cuando creo que está en juego la causa que me ha dado aliento, no solo a mí, sino a mi generación y a muchos luchadores sociales de muchas partes del mundo.

Me he esforzado en los días posteriores al 11 de julio, cuando ocurrieron las protestas, en oír y leer lo que se ha difundido por los medios de prensa, tanto nacionales como la prensa española y otras de diferentes países. También, y con mucho respeto, medios de prensa digital independiente de Cuba, algunos que ni siquiera conocía. De todos, me ha sorprendido agradablemente, la plataforma Joven Cuba y el Periodismo de Barrio.  No me quedé ahí y fui más, escuché con mucho detenimiento algunos videos compartidos en las redes por algunos participantes de esos sucesos. Uno de ellos, el del joven dramaturgo Yunior García Aguilera, al cual contacté por Messenger (Facebook) para   hacerle una pregunta y amablemente me respondió. Es de los participantes que hace algunos meses se emplazaron frente al Ministerio de Cultura para solicitar diálogo con ese ministerio. Ahora estuvo frente al ICRT, el organismo que dirige la Radio y Televisión del país, para intentar dirigir un mensaje sobre los actos que se estaban sucediendo en San Antonio de los Baños. Desde luego, no se lo permitieron, ni aquí, ni en otro lugar del mundo se puede llegar a una emisora a interrumpir una programación para dar un mensaje. Aunque no creo que eso justifique que los sacaran a la fuerza de allí, amontonados en un camión de residuos.

En estas manifestaciones, a diferencia de otros hechos, no leí nada de la participación de los titulados grupos de disidentes tradicionales, que han sido acusados muchísimas veces como peones al servicio de la CIA y que reciben dinero por sus servicios. Creo que estuvieron fuera del tema. No sé por qué.

He relatado todo esto para concretar algunas ideas. Lo primero, Cuba necesita canalizar legamente un espacio para que ese torrente de opiniones críticas sea atendido y tenido en cuenta. Si no quieren o no pueden ir a más, por el sistema unipartidista establecido, al menos que se legalicen esas plataformas u organizaciones de la sociedad civil que, aunque no compartan el sistema político imperante, lo acaten y respeten la legalidad establecida. Probablemente el Partido único gobernante reciba más cosas útiles a través de esta vía que la que reciben por sus propias estructuras que muchas veces confunden la disciplina y la lealtad con la indolencia y la desidia.

Lo otro es dar una información oficial de los detenidos y resultados de los procesos penales cuando así haya ocurrido. No puede ser que por otras vías se estén dando cifras y que no haya un contraste con la información que lógicamente disponen las autoridades. Esto estrecharía el margen a los posibles bulos y especulaciones que puedan circular.

Hay que agilizar toda la legislación necesaria para implementar el texto de la Constitución que se aprobó en referéndum en 2019. Debe quedar claro el derecho a la libertad de opinión y de manifestación de los ciudadanos. Establecer los límites y los procedimientos para facilitarlo. Desterrar para siempre la confrontación agresiva entre cualquier bando, jamás deberíamos ver actos violentos de los partidarios del gobierno para reprimir manifestaciones, además de incivilizado y grotesco, es la fábrica mas grande que existe para fomentar el odio y el rencor entre los ciudadanos y muchísimo menos que sean promovidos desde el poder. Nunca más lo ocurrido cuando la llamada crisis del Mariel. Es el dialogo, es la palabra la única y poderosa arma que debe tener una causa justa y humana. Por otra parte, resulta mediocre, falta de imaginación y de iniciativa que un sector o grupo de personas quiera establecer diálogo con el gobierno y esto no sea satisfecho.

Es verdad que la coyuntura es muy excepcional, la crisis sanitaria en estos momentos es lo que debe mandar, salvar vidas, evitar contactos, evitar actos multitudinarios, eso es prioritario ahora, pero hay al menos que anunciar la voluntad política de continuar con las reformas con toda celeridad y decisión. No debe sufrir prisión nadie que haya participado pacíficamente en estos acontecimientos. El hecho de que hoy, Yunior y otros de sus compañeros estén en libertad, como debe ser, me anima a pensar que sucederá igual con el resto de las personas que participaron pacíficamente.

Biden y su administración son pocos creíbles cuando oportunistamente ahora, en vez de relajar el despiadado bloqueo comercial y financiero contra Cuba, lo refuercen. Tal vez el susto que les hizo pasar Trump, los tenga paralizados. Impacta mucho ver que hordas incontrolables casi dan un golpe de estado en su propio Capitolio. Es una pena, un flaco favor si aspiran a la democratización de Cuba, sabiendo que la política seguida por Obama y de la que él participó, acercó más que nunca la ansiada flexibilidad del sistema cubano. Esa política tuvo más resultado que la hostilidad de los diez presidentes que le precedieron. Probablemente el longevo presidente tenga que satisfacer algunas contraprestaciones a la derecha más anticubana de la Florida para salvar su propio pellejo.  

Los jóvenes de hoy, su actitud crítica, sus inquietudes son herederas del espíritu de quienes en 1953 hicieron su esfuerzo máximo por cambiar las cosas. La historia no se acabó en 1959, la historia seguirá escribiéndose más allá de todos los que seguimos vivos.