(En el post anterior de este blog, titulado «Qué le ha pasado a Yotuel», aparece la primera parte).

Un “grupo de personas olvidadas”: La participación de los afrocubanos en las protestas cautiva a los medios de comunicación estadounidenses

Las escenas de un coche de policía volcado en el barrio de 10 de Octubre de La Habana, las turbas lanzando cócteles molotov a los agentes de policía y el saqueo de los centros comerciales este 11 de julio arrancaron el resentimiento de una clase de ciudadanos que ha caído en las grietas de la asediada economía especial de Cuba.

Tras años de profundización de las privaciones económicas, los cubanos han sufrido apagones y racionamiento de alimentos provocados por la intensificación del bloqueo económico de 60 años de Estados Unidos a Cuba por parte del expresidente Donald Trump. Un repentino colapso del turismo debido a la pandemia de Covid-19 junto con la eliminación por parte del gobierno del sistema de doble moneda de Cuba exacerbó el caos económico.

Cristina Escobar, periodista afincada en La Habana y una de las personalidades informativas más seguidas en el canal estatal cubano, describió a The Grayzone las filas de la protesta como el subproducto de una marginación sostenida.

“Hay un grupo de personas en lugares urbanos como La Habana que tienen las siguientes características”, explicó Escobar. “Suelen proceder de zonas rurales pobres y se han trasladado a la ciudad en busca de mejores oportunidades; por lo general, no son blancos con todos los gradientes que hay, y viven en los márgenes, recibiendo cualquier prestación estatal que esté disponible. Suelen trabajar en la economía sumergida, se sienten desafectados y no se implican en empresas patrióticas porque son víctimas del periodo especial de pobreza”.

Aunque la red de seguridad social de Cuba ha evitado que este grupo demográfico caiga en la miseria que conocen las barriadas de Estados gestionados por el FMI, como Haití u Honduras, Escobar afirma que “son un grupo de personas olvidadas, desintegradas, sin raíces en la sociedad. Están expresando la desigualdad que experimentan y, por desgracia, ya no lo hacen de forma pacífica”.

Los medios de comunicación corporativos estadounidenses han aprovechado las imágenes de los manifestantes afrocubanos para pintar las manifestaciones como una expresión de descontento explícitamente racializado. En un artículo titulado “Afrocubanos al frente de los disturbios [en Cuba]”, el Washington Post citó a ONGs antigubernamentales y a activistas asociados al Movimiento de San Isidro denunciando a Black Lives Matter por su declaración de solidaridad con la revolución cubana.

El Washington Post no mencionó el papel del gobierno de EE.UU. en el apoyo a muchas de estas mismas ONGs y activistas en un intento de armar a la clase baja de Cuba. Al frente de la estrategia de Washington se encuentran dos frentes tradicionales de la CIA: la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID) y la Fundación Nacional para la Democracia (NED).

A lo largo de la Guerra Fría, la USAID trabajó junto a la CIA para liquidar los movimientos socialistas en todo el Sur Global. Más recientemente, ayudó a poner en marcha un falso programa de vacunación de la CIA en Pakistán para localizar a Osama bin Laden, y en su lugar acabó generando un brote masivo de polio. En toda América Latina, la USAID ha financiado y formado a figuras de la oposición de derechas, incluido el seudopresidente de Venezuela nombrado por Estados Unidos, Juan Guaidó.

Por su parte, la NED se creó bajo la supervisión del ex director de la CIA William Casey para proporcionar apoyo a los activistas de la oposición y a los medios de comunicación en todos los lugares en los que Estados Unidos ha buscado un cambio de régimen. “Mucho de lo que hacemos hoy fue hecho de forma encubierta hace 25 años por la CIA”, dijo el cofundador de la NED, Allen Weinstein, al periodista David Ignatius, quien celebró a la organización como “el padre del azúcar de las operaciones encubiertas”.

A lo largo de su historia, la USAID y la NED han trabajado para explotar los agravios de los grupos étnicos minoritarios contra los gobiernos socialistas y no alineados. Su apoyo financiero y logístico a los uigures contra China, a los tártaros contra Rusia y a los indígenas miskitos contra Nicaragua son algunos de los muchos ejemplos.

En los últimos años en Cuba, los especialistas en cambio de régimen de Washington se han centrado en los afrocubanos y los jóvenes marginados, aprovechando la cultura para convertir el resentimiento social en una acción contrarrevolucionaria.

Convirtiendo en un arma a la “juventud desocializada y marginada” contra el socialismo cubano

Un artículo publicado en 2009 en el Journal of Democracy, el órgano oficial de la National Endowment for Democracy (NED), esbozaba un ambicioso plan para cultivar la clase baja cubana de la posguerra fría como vanguardia antigubernamental.

“Utilizar los principios de la democracia y los derechos humanos para unir y movilizar a esta vasta mayoría desposeída frente a un régimen altamente represivo es la clave del cambio pacífico”, escribieron Carl Gershman y Orlando Gutiérrez.

Gershman y Gutiérrez son figuras influyentes en el mundo de los operadores del cambio de régimen. Director fundador de la NED, Gershman presidió durante cuatro décadas los esfuerzos de Estados Unidos para desestabilizar gobiernos desde Managua hasta Moscú. Gutiérrez, por su parte, es un franco defensor de una invasión militar estadounidense de Cuba que ejerce como secretario nacional del Directorio Democrático Cubano financiado por la USAID y la NED.

Gershman y Gutiérrez aconsejaron una estrategia que fomentara la “no cooperación” con las instituciones revolucionarias de Cuba entre los que describieron como “jóvenes desocializados y marginales: los que abandonan los estudios, los jóvenes sin trabajo que constituyen casi las tres cuartas partes de los desempleados de Cuba y los que se sienten atraídos por las drogas, la delincuencia y la prostitución”.

Los dos especialistas en cambio de régimen señalaron la música y los medios de comunicación online como vehículos ideales para aprovechar las frustraciones de la juventud cubana: “La alienación de los jóvenes llega a la corriente principal y se expresa en las letras airadas de los músicos de rock; las representaciones de los blogueros de las frustraciones y la chabacanería de la vida cotidiana; la frecuente evasión del trabajo agrícola, el servicio voluntario y las reuniones de los comités de vecinos; y la desvinculación general de la política que es el fruto de medio siglo de participación coaccionada y propaganda política alimentada a la fuerza”, escribieron.

El año en que se publicó el influyente documento de Gershman y Gutiérrez, Washington puso en marcha una audaz operación encubierta basada en la estrategia que habían esbozado.

“El rap es la guerra”: La USAID recluta de forma encubierta a artistas de hip-hop cubanos como propagandistas del cambio de régimen

En 2009, la USAID puso en marcha un programa para desencadenar un movimiento juvenil contra el gobierno de Cuba mediante el cultivo y la promoción de artistas locales de hip-hop.

Debido a su larga historia como fachada de la CIA, USAID subcontrató la operación a Creative Associates International, una empresa con sede en Washington DC con su propio historial de acciones encubiertas.

Creative Associates encontró a su hombre clave en Rajko Bozic, un veterano del grupo Otpor! respaldado por la CIA, que ayudó a derrocar al líder nacionalista Slobodan Milosevic, y cuyos miembros pasaron a formar un “grupo de exportación de una revolución” que sembró las semillas de varias revoluciones de color”.

Haciéndose pasar por promotor musical, Bozic se acercó a un grupo de rap cubano llamado Los Aldeanos, conocido por su himno ferozmente antigubernamental, “Rap is War”. El agente serbio nunca dijo a Los Aldeanos que era un activo de la inteligencia estadounidense; en cambio, afirmó que era un profesional del marketing y prometió convertir al líder del grupo en una estrella internacional.

Para llevar a cabo el plan, Creative Associates puso en marcha ZunZuneo, una plataforma de redes sociales al estilo de Twitter que enviaba miles de mensajes automáticos para promocionar a Los Aldeanos entre los jóvenes cubanos sin que el grupo de rap lo supiera.

Al cabo de un año, cuando Los Aldeanos intensificaron su retórica, burlándose de la policía cubana como zánganos descerebrados durante un festival local de música indie, la inteligencia cubana descubrió contratos que vinculaban a Bozic con la USAID y puso fin a la operación.

La vergüenza sobrevino en Washington, con el senador Patrick Leahy refunfuñando: “La USAID nunca informó al Congreso sobre esto y nunca debería haber sido asociada con algo tan incompetente y temerario”.

Danny Shaw, profesor asociado de Estudios Latinoamericanos y del Caribe en la City University de Nueva York, conoció a Los Aldeanos durante varias visitas prolongadas a Cuba. También conoció a Omni Zona Franca, un colectivo de poetas y artistas de performance de orientación rastafari con sede en el barrio de Alamar, en La Habana, que sirvió de inspiración para el Movimiento de San Isidro.

Shaw dijo que la hostilidad de los artistas hacia el sistema socialista de Cuba era tan intensa que muchos de ellos negaban la existencia del bloqueo estadounidense. “Intenté explicarles mi forma de entender la guerra económica, y me dijeron: ‘Puedes ir y venir como quieras, no vives aquí, así que es fácil que seas marxista’. Y tenían razón, si descontextualizabas completamente la situación”, dijo a The Grayzone.

Según Shaw, algunos miembros de Omni Zona Franca empezaron a visitar Estados Unidos y Europa para participar en festivales de arte y en entrevistas con medios de comunicación corporativos en español. “Cuando salieron a la luz las historias sobre el apoyo de la USAID a los raperos y artistas cubanos, entonces todo cobró sentido para mí”, reflexionó.

En 2014, la USAID volvió a quedar al descubierto cuando recurrió a Creative Associates para organizar una serie de falsos talleres de prevención del VIH que, en realidad, eran seminarios de reclutamiento político.

Un documento interno de Creative Associates filtrado a los medios de comunicación en 2014 se refería a los falsos talleres sobre el VIH como la “excusa perfecta” para alistar a los jóvenes en actividades de cambio de régimen en la isla.

El presidente Barack Obama presentó su plan para normalizar las relaciones con el gobierno de Cuba justo cuando se expuso la última operación de USAID. Como condición para el reconocimiento diplomático, Obama insistió en que Cuba ampliara el acceso a Internet.

El sitio web de investigación venezolano Misión Verdad advirtió entonces: “Estamos asistiendo a una actualización de los mecanismos, métodos y modos de intervención. Toda la armonía en este momento es totalmente ilusoria. Lo que ya se coloca bajo la etiqueta de ‘normalización’ en el entorno sociopolítico cubano proporciona las condiciones mínimas de funcionamiento para facilitar la idea de una ‘primavera cubana’, una revolución de probeta…”.

La red de internet 3G llegó a Cuba en 2018, permitiendo a los jóvenes cubanos acceder a las redes sociales en sus teléfonos. Ahora, en lugar de hacer girar la plataforma de medios sociales como ZunZuneo, la inteligencia estadounidense se centró en desarrollar tecnología como Psiphon para que los cubanos pudieran acceder a Facebook y YouTube a pesar de los cortes de Internet.

La NED y la USAID aprovecharon esta oportunidad para construir un potente aparato mediático antigubernamental en línea. La nueva hornada de medios respaldados por Estados Unidos, como CubaNet, Cibercuba y ADN Cuba, representaron una cámara de eco de insurrección tóxica, burlándose del presidente Miguel Díaz-Canel con memes insultantes y pidiendo su procesamiento por altos crímenes, incluido el genocidio.

El Ministerio de Asuntos Exteriores holandés ha impulsado los esfuerzos de Estados Unidos, ayudando a crear y financiar el blog antigubernamental El Toque, a través de una ONG llamada RNW Media.

Ted Henken, académico estadounidense y autor de “Cuba’s Digital Revolution”, señaló a Reuters que los dirigentes cubanos “calcularon mal al no darse cuenta de que [la ampliación del acceso a Internet] les iba a estallar en la cara muy rápidamente, en dos años y medio”.

“Nada de [las protestas] habría sido posible sin la naciente red 3G que ha permitido a millones de cubanos acceder a internet a través de dispositivos móviles desde 2018”, declaró el medio corporativo online Quartz.

A medida que crecía el acceso de los cubanos a los medios de comunicación antigubernamentales, la administración Trump aumentó el presupuesto de la NED en un 22% en 2018.

Ese año, el presupuesto de la NED para Cuba destinó cerca de 500.000 dólares para el reclutamiento y la formación de periodistas antigubernamentales, y para establecer nuevos medios de comunicación.

Otra subvención de la NED presupuestó fondos para “promover la inclusión de las poblaciones marginadas en la sociedad cubana y fortalecer una red de socios en la isla”, lo que implica la focalización en los afrocubanos.

La NED ha puesto un gran énfasis en infiltrarse en la escena del hip-hop de Cuba. En 2018, la entidad gubernamental estadounidense aportó 80.000 dólares a la Fundación Alma Cubana para “empoderar a los artistas independientes para producir, actuar y exhibir su trabajo en eventos comunitarios sin censura”, y 70.000 dólares a una ONG con sede en Colombia llamada Fundación Cartel Urbano para “empoderar a los artistas de hip-hop cubanos como líderes en la sociedad.”

Cartel Urbano publica una revista online claramente inspirada en Vice, el principal vehículo del imperialismo hipster. Además de mantener a los lectores informados sobre los últimos lanzamientos de los artistas de rap cubanos contrarios al gobierno, la revista financiada por el gobierno estadounidense dedica secciones enteras en su sitio web al consumo de drogas, la cultura trans y el estilo de vida vegano y ecológico.

Al atender la sensibilidad de los autodenominados radicales de orientación académica, los escritores del medio utilizan habitualmente la letra “x” para borrar las distinciones de género, lo que da lugar a pasajes como el siguiente: “cuerpxs trans, marikonas, no binarixs, racializadxs, monstruosxs…”.

La sorprendente proliferación de medios de comunicación de la oposición en línea, la vitriólica propaganda antigubernamental y la infiltración de Estados Unidos en la escena cultural de Cuba, que acompañaron a la expansión de los servicios de Internet del país, provocaron una represión sin precedentes por parte de los dirigentes del país.

“Los años en los que se produjo el descongelamiento de las relaciones con Estados Unidos, tuvimos mucha tolerancia a nivel interno”, reflexionó la periodista cubana Cristina Escobar. “Eso es porque el Gobierno no se veía asediado. Pero luego ganó Trump. Y ahora la dirigencia siente que nunca debió confiar en Obama”.

Pocas horas después de tomar posesión en abril de 2018, el presidente Díaz-Canel propuso el Decreto 349. La nueva medida obligaría a todos los artistas, músicos e intérpretes a obtener la aprobación previa del Ministerio de Cultura antes de publicitar su trabajo.

Planteado como respuesta directa al reclutamiento de artistas de rap y otras figuras culturales por parte de la inteligencia estadounidense, el Decreto 349 prohibía explícitamente la difusión de materiales audiovisuales que contengan “lenguaje sexista, vulgar u obsceno.” Aunque la ley nunca se aplicaría formalmente, la oposición cubana consideró la disposición como un ataque directo a la subcultura del reggaetón que se filtraba en el paisaje urbano del país.

Casi de la noche a la mañana, un colectivo de artistas y músicos se movilizó para protestar contra el decreto. Con el nombre del barrio de San Isidro, en La Habana Vieja, donde vivían varios de sus miembros, el nuevo movimiento se dirigió directamente a los influyentes culturales del Norte Global, presentándose como una colección diversa de creadores visuales y raperos independientes que luchaban por nada más que la libertad artística.

Quizá por primera vez, la oposición de derechas cubana disponía de un vehículo para introducirse en los círculos progresistas del extranjero.

Con banderas de EE. UU. en la mano, enfrentándose al Estado y cortejando a los famosos

El 6 de noviembre de 2020, un agente de policía se presentó en la casa de Denis Solís, un rapero abiertamente antigubernamental afiliado al Movimiento San Isidro. Solís no tardó en apuntar con la cámara de su teléfono móvil al policía y retransmitió en directo su desafiante encuentro en Facebook.

Tras burlarse del agente con insultos antigay, Solís proclamó: “¡Trump 2020! Trump es mi presidente”.

La visita de la policía fue desencadenada por la excitada cobertura que Solís recibió del Diario de Cuba, una publicación financiada por la NED, y de otros medios antigubernamentales, por un tatuaje estampado en su pecho que decía “Cambio; Cuba Libre”. También había acudido a Facebook para jactarse: “Comunistas, ahora van a tener que arrancarme la piel del pecho”.

La condena de 8 meses de prisión que recibió Solís por “desacato” -un castigo claramente inspirado por el espectáculo que generó con su livestream- fue la chispa que dio origen a la huelga de hambre de noviembre de 2020, que lanzó al Movimiento de San Isidro a la escena mundial.

La huelga se llevó a cabo dentro de la casa de La Habana Vieja del coordinador del Movimiento San Isidro, Luis Manuel Otero Alcántara. Otero, artista afrocubano, ha provocado la ira del gobierno al profanar la bandera cubana, envolviéndola con su torso desnudo en el inodoro y mientras se cepilla los dientes, o extendiéndose sobre ella en ropa interior con la bandera de Estados Unidos.

En otra provocación, Otero reunió a niños para que corrieran por su barrio ondeando una bandera estadounidense gigante, lo que provocó una respuesta policial inmediata y su propia detención durante cuatro días.

La huelga de hambre de una semana de duración en la casa de Otero generó un espectáculo mediático internacional sin precedentes, y generó declaraciones de apoyo de Jake Sullivan, el asesor de seguridad nacional entrante de la administración Biden, y del entonces secretario de Estado Mike Pompeo.

Una visita hábilmente escenificada al lugar de la huelga de hambre por parte de Carlos Manuel Álvarez, un periodista y literato cubano de alto nivel afincado en México, había contribuido a galvanizar el interés de los medios de comunicación internacionales.

Vestido con un cuello de tortuga negro y procedente de las filas de la élite educada de Cuba, Álvarez, con gafas, presentaba un marcado contraste con Otero y su rudo compañero, el rapero antigubernamental Maykel Osorbo. Para los funcionarios del gobierno, tentados de descartar a los líderes de la protesta como un grupo de vulgares vagabundos, la figura del gentil escriba presentaba serias complicaciones.

Álvarez no tardó en encontrar un espacio en la sección de opinión del New York Times para promocionar San Isidro entre el público liberal de Estados Unidos, al tiempo que desgranaba metáforas literarias sobre cómo caminar sobre el adoquín con zapatos de tacón alto para denigrar a la burocracia comunista cubana.

“El movimiento [San Isidro] se ha convertido en el grupo más representativo de la sociedad civil nacional, reuniendo a cubanos de diferentes clases sociales, razas, creencias ideológicas y generaciones, tanto de la comunidad de exiliados como de la isla”, afirmó el escritor.

El 27 de noviembre de 2020, al profundizarse el enfrentamiento entre los artistas cubanos y el Estado, un grupo de artistas inició una sentada frente al Ministerio de Cultura de Cuba. Los manifestantes originales estaban formados en su mayoría por artistas cuyo trabajo había sido patrocinado por el Estado cubano. Y a diferencia de San Isidro, muchos de ellos rechazaron la retórica del cambio de régimen, optando en cambio por un diálogo con el ministro de cultura para resolver el conflicto sobre la libertad de expresión.

Como explica el sociólogo Rafael Hernández en un estudio detallado de la sentada, el diálogo se derrumbó cuando el Movimiento San Isidro y otros elementos respaldados por Estados Unidos impusieron su agenda maximalista a la entidad organizadora, que llegó a conocerse como N27. El New York Times y otros medios anglosajones centraron su cobertura directamente en la chusma anticomunista de San Isidro, mientras que los artistas cubanos de izquierdas “permanecieron invisibles para la prensa extranjera, que no los considera noticia, al igual que a los veteranos y jóvenes disidentes”, observó Hernández.

La intensa cobertura mediática de la sentada situó al Movimiento de San Isidro en la escena internacional, lo que les valió la atención de artistas y escritores célebres de Estados Unidos y Europa. En mayo de 2021, después de que Otero volviera a ser detenido por la seguridad cubana, se publicó una carta abierta al presidente Díaz-Canel en la New York Review of Books, una de las principales revistas de los literatos liberales de Estados Unidos, en la que se exigía su liberación.

Firmada por un elenco de prominentes figuras culturales negras y afrolatinas, entre ellas Henry Louis-Gates, Edwidge Danticat y Junot Díaz, la misiva ilustraba el éxito que estaba teniendo San Isidro en la erosión del apoyo de la intelectualidad negra estadounidense a la revolución cubana.

Con acceso a los principales órganos liberales de los medios de comunicación estadounidenses y con el apoyo de los departamentos de estudios latinoamericanos de todo el país, el colectivo cultural estaba sacando a la oposición anticomunista de Cuba de su base tradicional de derecha en Miami.

Pero su éxito no fue un fenómeno orgánico. De hecho, San Isidro había sido propulsado a la escena internacional gracias al importante apoyo del Departamento de Estado de Estados Unidos, sus filiales para el cambio de régimen y los grupos de presión empresariales de derechas, deseosos de que Cuba se abriera a los negocios.

“Viva la anexión”: el Departamento de Estado, la OEA y los lobbies empresariales se asocian con San Isidro

Cada día, en la revista El Estornudo que fundó, Carlos Manuel Álvarez y sus colegas presentan las malas noticias de Cuba. Mientras pintan el país como un infierno comunista dirigido de forma catastrófica e invadido por las víctimas de Covid-19, comercializa su medio como “independiente”.

En realidad, El Estornudo parece ser uno de los muchos proyectos mediáticos incubados por la National Endowment for Democracy (NED).

“Los colaboradores que hacen la revista son pagados por trabajo producido, con un salario fijo de 400 CUC. Hasta que me fui, El Estornudo era financiado por la NED y la [Fundación] Open Society”, dijo Abraham Jiménez Enoa, antiguo redactor de la revista, refiriéndose respectivamente al brazo del gobierno estadounidense para el cambio de régimen y a la fundación de George Soros.

El Estornudo forma parte de una constelación de medios delegados para criticar la respuesta cubana de Covid por el Institute for War and Peace Reporting (IWPR), una ONG que recibió 145.230 dólares de la NED en 2020 para “fortalecer la colaboración entre los periodistas independientes cubanos” y capacitarlos en los medios sociales.

Los medios antigubernamentales que operan bajo los auspicios de IWPR también incluyen a Tremenda Nota, un sitio de temática LGBTQ que acusa rutinariamente al gobierno cubano de homofobia y transfobia, incluso cuando el gobierno de Díaz-Canel ha avanzado en la legalización del matrimonio gay, ha abierto el ejército a los soldados homosexuales y ha iniciado eventos oficiales del orgullo.

La junta directiva del IWPR está formada por antiguos funcionarios de la OTAN y figuras de los medios de comunicación corporativos, incluido el antiguo presidente del Financial Times. Aunque la ONG ha borrado desde entonces su lista de patrocinadores de su sitio web, una página archivada revela asociaciones con la NED y sus filiales del gobierno estadounidense, así como con contratistas confirmados de la inteligencia británica como Albany Associates y la Fundación Thomson Reuters.

Carlos Manuel Álvarez no es ni mucho menos el único miembro de San Isidro cercano a las entidades estadounidenses de cambio de régimen. Además de él, está Yaima Pardo, una cineasta cubana y especialista en tecnología cuyo documental de 2015, “Offline”, hizo hincapié en la necesidad de la expansión de Internet para fomentar la disidencia.

Pardo es actualmente la directora multimedia de ADN Cuba, un medio antigubernamental con sede en Florida que recibió 410.710 dólares de USAID sólo en 2020.

Esteban Rodríguez, de San Isidro, reportero de ADN Cuba, ha celebrado como “perfecta” la prohibición de remesas familiares a Cuba impuesta por Trump, que debilita económicamente. “Si estuviera en Estados Unidos, habría votado a Trump”, dijo Rodríguez a The Guardian.

Cuando San Isidro lanzó su campaña internacional contra el Decreto 349, eligió hacerlo en la Organización de Estados Americanos (OEA) – la organización regional con sede en Washington DC burlada por Fidel Castro como “el ministerio yanqui de las colonias.”

Allí, el cofundador de San Isidro, Amaury Pacheco, fue recibido por Luis Almagro, el Secretario General de la OEA que ayudaría a orquestar el golpe militar de la derecha en Bolivia ese mismo año. También estuvieron presentes para dar la bienvenida a los artistas cubanos funcionarios del Departamento de Estado y Carlos Trujillo, un leal a la derecha de Trump que se desempeña como representante de Estados Unidos ante la OEA.

“El arte en Cuba es más necesario que nunca”, proclamó Almagro. “Es necesario exponer los desafíos de la represión” del Estado cubano.

Como informó el Instituto Samuel Robinson, con sede en Venezuela, San Isidro ha estrechado sus lazos con la derecha internacional a través de la fundación CADAL, que lo nominó para el Premio Freemuse a la Expresión Artística, patrocinado por el Estado de la OTAN. CADAL está en el centro de una red de organizaciones libertarias que aprovechan el dinero de las empresas para impulsar el fundamentalismo del libre mercado en toda América Latina.

Entre los socios más cercanos de CADAL se encuentra la Red Atlas, un frente de cabildeo corporativo establecido con la ayuda de los Hermanos Koch para promover la economía libertaria y socavar los gobiernos socialistas en todo el mundo.

El think tank también está patrocinado por el Departamento de Estado de EE.UU., la NED y sus filiales, incluyendo el Centro para la Empresa Privada Internacional, que se dedica a “fortalecer la democracia en todo el mundo a través de la empresa privada y la reforma orientada al mercado”.

En enero de 2021, los principales miembros de San Isidro, incluidos Otero y Pardo, participaron en un seminario web organizado por otro grupo de expertos de derechas respaldado por las empresas. Esta vez, fueron invitados por el Centro Latinoamericano de Federalismo y la Fundación para la Libertad.

Patrocinada por empresas multinacionales decididas a transformar Cuba en un paraíso del libre mercado, e inspirada en la filosofía de Ayn Rand, la fundación con sede en Argentina también está directamente afiliada a la Red Atlas.

Entre los participantes en el seminario web estaba Iliana Hernández, reportera de Cibercuba, uno de los muchos medios antigubernamentales que han surgido en los últimos años tras la expansión de los servicios de Internet.

En un debate sobre las elecciones de noviembre de 2020 en su página de Facebook, Hernández argumentó que como Trump “iba a tomar medidas más duras contra la tiranía… creo que, por la libertad de Cuba, debería ganar Trump”.

También detalló la amplia coordinación entre el Movimiento de San Isidro y los funcionarios del Departamento de Estado que prestan servicios en la Embajada de Estados Unidos en La Habana.

Refiriéndose a sus conversaciones con los encargados de negocios de línea dura de EE. UU., Timothy Zúñiga-Brown, y su predecesora, Mara Tekach, Hernández comentó: “En esta última conversación con el Sr. Tim [Zúñiga] Brown, lo que me dijo fue, ‘¿cómo podemos ser de ayuda? Es decir, ¿qué podemos hacer? Porque, quiero decir, él quería recibir órdenes de mí y no al revés. Le dije cómo podía ayudar”.

Otero también ha cultivado estrechas relaciones con funcionarios del Departamento de Estado de Estados Unidos. En julio de 2019, él y otros miembros de San Isidro se pavonearon con orgullo por el recinto de la embajada estadounidense en La Habana durante un acto de conmemoración del Día de la Independencia de Estados Unidos.

Adonis Milan, un director de teatro de La Habana afiliado a San Isidro, publicó fotos en Facebook de él mismo, un artista de reggae y miembro de San Isidro llamado Sandor Pérez Pita, y Otero “disfrutando de unas horas de libertad dentro de Cuba” mientras se tomaban selfies con marines estadounidenses.

“Viva la anexión”, escribió Milan en un post en el que expresaba su “ferviente pasión por la bella gringa”.

Preguntado por un periodista sobre el encuentro que mantuvo en una calle de La Habana con la ex encargada de negocios de EE.UU. Tekach, Otero respondió: “Es una diplomática. Yo puedo reunirme con Mara Tekach o con el embajador de Francia; con mi amigo, el embajador de Holanda, o con el de la UE. Incluso con el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, si algún día quiere hablar conmigo”.

En abril de 2021, el gobierno cubano afirmó haber descubierto documentos que revelaban pagos de 1.000 dólares al mes a Otero por parte del Instituto Nacional Demócrata, una filial de la NED. Las acusaciones salieron a la luz justo cuando el artista planeaba exponer cuadros de envoltorios de caramelos en su casa e invitar a los niños de la zona a verlos, burlándose de la dulce vida que el socialismo les había negado. Otero negó rotundamente haber recibido pagos de los equipos de cambio de régimen del gobierno estadounidense.

Para entonces, Otero se había convertido en una estrella de un himno viral colaborativo que había proporcionado a la contrarrevolución cubana un eslogan unificador y una banda sonora de protesta.

Presentamos “Patria y Vida”, el himno de rap favorito del Departamento de Estado de EE.UU.

La primera canción a la que se atribuye directamente la movilización de los cubanos para protestar contra su gobierno fue grabada por un grupo de raperos y artistas de reggaetón que incluía a dos miembros del Movimiento de San Isidro.

Aclamada por el medio de comunicación estatal estadounidense NPR como “la canción que ha definido el levantamiento en Cuba”, “Patria y Vida” ha acumulado más de 7 millones de visitas desde que se estrenó en YouTube el 16 de febrero de 2021.

Grabada en Miami, la canción cuenta con tres intérpretes cubanos autoexiliados: Yotuel, del grupo de hip-hop Orishas, el dúo de reggaeton Gente de Zona y el cantautor Descemer Bueno. Los complementan dos miembros del Movimiento San Isidro, radicados en La Habana: los artistas de hip-hop El Funky y Maykel “Osorbo” Castillo.

Osorbo ha proclamado que “daría [su] vida por Trump” si el presidente estadounidense impusiera un bloqueo total a Cuba con “las costas bloqueadas, que no entre nada, ni salga nada… como hicieron en Venezuela.”

El vídeo de “Patria y Vida” se abre con la curiosa imagen del héroe anticolonial cubano José Martí fundiéndose con la del padre fundador de Estados Unidos y esclavista colono George Washington.

En el clímax de la canción, los raperos Osorbo y El Funky aparecen en pantalla flanqueados por Otero, de San Isidro. Afirmando haber filmado su actuación subrepticiamente, los raperos aparecen sin embargo en un vídeo de alta calidad coreando “¡Patria y Vida!”.

Este eslogan era un giro abierto del mantra revolucionario cubano, “Patria o Muerte”, que fue pronunciado por primera vez por Fidel Castro en un acto en memoria de los estibadores muertos por el sabotaje mortal de la CIA al carguero La Coubre en el puerto de La Habana en 1960. Al invertir el voto de Castro de defender la soberanía de Cuba con su vida, los autores de la canción apuntan a la cultura política antiimperialista inculcada a los cubanos a lo largo de seis décadas.

Los versos de Osorbo y El Funky mezclan ataques lacerantes al gobierno socialista con homenajes a San Isidro:

“Seguimos dando vueltas, seguridad, desviando con prisma

Estas cosas me indignan, se acabó el enigma

Ya está bien de tu malvada revolución…”.

Apenas una semana después del lanzamiento de la canción, la directora entrante de la USAID, Samantha Power, se dirigió a Twitter para proclamar “Patria y Vida” como un reflejo de una “nueva generación de jóvenes en Cuba y de cómo están luchando contra la represión del gobierno”.

Aunque Power no es especialmente conocida como conocedora del hip-hop, se ha ganado la reputación de crear estados fallidos en lugares como Libia orquestando campañas militares intervencionistas humanitarias. Es difícil imaginar que su repentino interés por un himno viral del rap cubano no estuviera guiado por una dedicación al cambio de régimen en la isla.

El Grupo del Partido Popular Europeo del Parlamento Europeo, de centro-derecha, también se movilizó para promover “Patria y Vida” apenas una semana después de su lanzamiento. En Bruselas, el parlamentario europeo Leopoldo López-Gil -el oligarca español padre del golpista derechista venezolano Leopoldo López- ayudó a recibir a Otero, Yotuel, del Movimiento San Isidro, y a varias otras figuras detrás de la creación de “Patria y Vida”.

“Hoy les pido que condenen al gobierno cubano, para que mi isla tenga la fuerza de levantarse…” declaró Yotuel. “Mi pueblo necesita a Europa, mi pueblo necesita que Europa señale al abusador”.

También estuvo presente en el acto del Parlamento de la UE Juan Guaidó, el falso “presidente” de Venezuela designado por Estados Unidos que lanzó un fallido golpe militar junto a su mentor, Leopoldo López Jr.

En los días siguientes, los intérpretes de “Patria y Vida” siguieron haciendo las rondas de cambio de régimen. El 12 de marzo, Yotuel y Gente de Zona mantuvieron una llamada de Zoom con funcionarios del Departamento de Estado, informándoles sobre el éxito de la canción y las demandas del Movimiento de San Isidro.

Tres meses más tarde, como informó el periodista Alan MacLeod, la USAID de Power publicó un anuncio de 2 millones de dólares en oportunidades de subvención para las organizaciones de la “sociedad civil” que buscan promover el cambio de régimen en Cuba.

Destacando la estrategia de larga data de la agencia de explotar los grupos demográficos más afectados por las sanciones de Estados Unidos, el documento hizo hincapié en la necesidad de programas que “apoyen a las poblaciones marginadas y vulnerables, incluyendo pero no limitado a los jóvenes, las mujeres, LGBTQI +, líderes religiosos, artistas, músicos, y las personas de ascendencia afro-cubana”.

En el documento, la USAID señaló a “Patria y Vida” como una victoria propagandística que ayudó a producir un “momento decisivo”, y que presagiaba las protestas que estaban por venir.

Menos de un mes después, el 11 de julio, Otero hizo un llamamiento para salir a las calles de La Habana en nombre del Movimiento de San Isidro. Pronto, cientos de manifestantes se reunieron en el malecón de la ciudad, algunos con carteles que decían “Patria y Vida”. La visión de la oposición de un levantamiento nacional capaz de arrasar con el socialismo parecía estar cobrando forma.

Detrás de las protestas había una serie de factores, desde el colapso de una central eléctrica en la ciudad de Holguín, hasta los intentos vacilantes del gobierno de unificar la moneda, pasando por las heridas económicas abiertas por el bloqueo estadounidense y que siguen supurando por el periodo especial de privaciones.

Pero a través de los guerreros de la cultura de San Isidro, ahora delegados por Washington como rostros y voces oficiales de la oposición cubana, las demandas de los manifestantes fueron interpretadas como un grito maximalista para que Washington intensifique sus esfuerzos de cambio de régimen.

El Movimiento de San Isidro va a Washington

Aunque las protestas se desvanecieron rápidamente, los comentarios del presidente Joe Biden denigrando a la Cuba sometida al embargo de EEUU como un “estado fallido”, y prometiendo añadir nuevas sanciones aplastantes a las impuestas por Trump, sugirieron que la administración demócrata no volvería al proceso de normalización de Obama. Por lo tanto, se logró un objetivo clave a corto plazo del lobby del cambio de régimen de Miami.

Las audiencias del 20 de julio en el Congreso sobre Cuba en el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes destacaron el papel fundamental que ha desempeñado San Isidro en el renovado impulso para derrocar al gobierno de Cuba.

Allí, la representante Debbie Wasserman-Schultz, demócrata de derechas del sur de Florida, citó un comentario de la académica liberal Amalia Dache en el que atacaba a Black Lives Matter por su declaración de solidaridad con la revolución cubana. Luego señaló a los afrocubanos como una base emergente del fermento anticomunista en la isla.

A varios metros de distancia estaba sentado el representante Mark Green, un republicano pro-Trump, luciendo una camisa con el lema “Patria y Vida” debajo de su chaqueta.

Ese mismo día, en el Capitolio, la derechista Victims of Communism Memorial Foundation honró al Movimiento de San Isidro durante su Cumbre de la Semana de las Naciones Cautivas.

En su discurso de presentación del premio a los Derechos Humanos de los Disidentes al Movimiento de San Isidro, el fundador de Víctimas del Comunismo y veterano operativo del movimiento conservador, Lee Edwards, declaró: “no siempre es la política, sino la cultura, lo que es tan importante en la batalla que estamos librando en este momento.”

Maykel Osorbo, el artista de hip-hop que protagonizó “Patria y Vida”, aceptó el premio en nombre de San Isidro. “Hermano mío, quiero darte las gracias de todo corazón”, exclamó en un mensaje pregrabado a la multitud de republicanos plateados de derechas. Como veremos en la segunda parte de esta investigación, los agentes patrocinados por el gobierno de Estados Unidos y afiliados al Movimiento de San Isidro ayudaron a sentar las bases de las protestas de julio en Cuba desde suelo estadounidense. Trabajando desde Florida, lanzaron el hashtag #SOSCuba pidiendo la intervención de