Disfruté el pasado viernes un bonito combate de boxeo de los Juegos Olímpicos de Tokio entre cubanos, Emmanuel Reyes y Julio de la Cruz. Emmanuel competía por España, donde está radicado y tiene la nacionalidad y Julio, representante de su país. Yo «ganaba» con cualquier resultado, pero tenía morbo la pelea. Era maravilloso contemplar como dos estrellas del boxeo, surgidas de la escuela cubana de ese deporte, disputaban una medalla en el evento cumbre del deporte mundial.

Lo anecdótico vino al final. Julio, vencedor por puntos, con los brazos en alto, saludaba eufórico y desde el público le gritan “Patria y vida” y automáticamente responde, “Patria y vida” no; “Patria o muerte”. Ya estaba servida la controversia y la gasolina para las redes, la ideología, la consigna. Después leí en algún periódico que Emmanuel tenía preparado su eslogan de haber triunfado, no era otro que «Patria y vida”.

Me preguntaba, por qué no se abrazaron y cantaron “La Guajira Guantanamera”. No es una consigna ni un rap, pero es auténtica como las palmas reales y seguramente su melodía la reconozcan y recuerden en cualquier parte del mundo. No estoy muy seguro de que, aunque nos repitan ese rap hasta en la salsa de los espaguetis, alguien retendrá o trascenderá en el tiempo como sí ha ocurrido con los versos de José Martí, musicalizados por Joseíto Fernández . Y si separamos el deporte de la política que os parece.

Cultivo una rosa blanca,

en julio como en enero,

para el amigo sincero

que me da su mano franca.